
No es como lo imaginé exactamente y a veces enloquezco de rabia. Vino compartido -Rioja, si puede ser, en copa alta, con forma de manzana invertida-, unas hojas amarillentas por el paso del tiempo en las que se recogen poemas de Kavafis, Rafael Alberti, Luís García Montero e incluso aquéllos tuyos... Están escritos a mano, con tu letra… Y no parar de hablar hasta las doce, de mirarnos a los ojos hasta las tres, de olvidarnos de todo hasta las seis y comenzar a soñar
mientras por afuera pasan los aviones hasta que despertemos para dar un paseo por aquél barrio que todo el mundo promete… con las
Mil y una noches bajo el brazo y un millón de rincones que nadie conoce y sólo se ven a los ojos del viajante…
Otra vez la primavera está haciendo de las suyas… Pidiéndome descanso a tanta magia, a tanta ilusión… y no es que no quiera parar, es que no puedo… no encuentro el freno, no quiero detenerme…
Las flores, las flores también son culpables, que piden saciar su sed y no paran de crecer y llenar la terraza de sol y agua, como si tuviésemos que compartir su alegría, como si cegasen sus ojos a lo que ocurre, a lo que nos rodea…
Pasaré por isla sirenas sin taparme los oídos, a ver si así tropiezo con-sentido y tanto horror vacui explota en forma de fuegos artificiales.