
¡Estoy harta de los hospitales! Creo que he pisado más hospitales en este 2005 que en toda mi vida. No me gusta el olor que se percibe continuamente, las habitaciones llenas de tristeza, los pasillos de incertidumbre, las salas de espera eternas, los quirófanos fríos, los sueños desgastados y las almas tiritando de miedo. Además, no me soporto tan débil, con tantos miedos y siendo tan hipocondríaca, puede conmigo. El lunes por la noche fue horrible, sin poder dormir, sin descansar ni un segundo, sólo pensaba en lo que me podría pasar, lo que puede llegar… Es insoportable, lo aseguro.
Hoy uno de mis peques preferido, mi sobrino Jose, me miraba con miedo y me decía que no quería irse con ese señor del pelo blanco, que no le gustaba el pijama que le habían puesto y preguntaba dónde estaba el regalo que le había prometido. Era una operación de “rutina” (como decía el señor de la camilla), fimosis, pero después de haber pasado tanto miedo en estos meses con J, no he parado de llorar cuando nos despedíamos…
He tenido que venir a trabajar y sólo me han dejado verle dos segundos cuando ha salido de quirófano. ¡Es un campeón! Decía que quería irse a casa con su hermanita y que luego fuese a verle, cuando saliese de trabajar.
He podido pasar a ver a los recién nacidos antes de venirme y el hospital ha cambiado totalmente de aire. Madres llenas de alegría, colores rosas y azules…, enfermeras enseñando por los cristales a los más peques, los que todavía están en incubadoras… Esto sí que me gusta de los hospitales.