acróbatas

Báilame el agua, úntame de amor y otras fragancias de tu jardín secreto, sácame de quicio, hazme sufrir, ponme a secar como un trapo mojado, lléname de vida, líbrame de mi estigma, llámame tonto, olvida todo lo que haya podido decirte hasta ahora, no me arrastres, no me asustes, vete lejos… pero no sueltes mi mano. Empecemos de nuevo, toca mis ojos, nota la textura del calor… ¿Por cuánto te vendes? Píllate los dedos, deja que te invite a un café… caliente, ¡claro!... y sin azúcar, sin aliento…

27/08/04 - Hablando de París...

Orsay.jpgEscuchando... Jacques Brel, G. Brassens, Antonio Vega y Leo Minax.

Que noche tan rara, ¿verdad? Acabo de recordar que en estos momentos debe estar Alex tocando en algún rincón del mundo su piano y el sólo hecho de imaginarlo ha hecho que me ponga más melancólica aún. No sé por qué me he acordado de él, casi nunca lo hago, quizás por pensar que me encantaría estar lejos de aquí, lejos de lo que se avecina los próximos días, no quiero volver a la rutina, no quiero dar las mismas vueltas en el mismo Círculo Polar…

Como ya he dicho antes, estoy sola en casa. Rubén ha salido a cenar con un amigo y hoy, más que nunca, me apetecía disfrutar una noche conmigo misma, con mi melancolía, con mis sueños, con esta pequeña espinita con la que convivo todos los días desde hace un tiempo. Ahora miro por la ventana por las mañanas y ya no vienen pájaros a despertarme, Nina ya no mueve la cola en busca de su paseo y las flores ya no brillan como siempre, de la forma que sólo ELLA sabe hacer que brillen. Eso no es lo que más me preocupa, lo que me angustia es el no ver el magnifico sol que me despierta cada mañana, que no vea los rayos de luz traspasando el cristal y tenga miedo a enfrentarme con todo porque quizás me arrepienta o quizás no valga la pena.

¡Jah! ¿Valer la pena? ¿Qué vale la pena?

He estado más de una hora releyendo el blog de Anje. Siempre encuentro motivos de tristeza en él y, a la vez, llena mi espíritu de paz y una leve sonrisa cubre mi rostro cada vez que pienso en él, es curioso. Le escribí casi todos los días durante un año, despertaba con la sensación de querer explicarle cada segundo de mi vida, cómo me sentía siempre y, de repente, desapareció después de aquellos cuatro días en Madrid en los que me quedé sin verle y cantando ‘La Chica de Ayer’ en el Retiro para él. Pensé en ir a buscarlo, necesitaba tocarle y sentir que estaba vivo y que todo lo que escribía a diario a través de estas teclas marcaba unos pequeños hoyuelos en su rostro cada vez que el correo le indicaba que tenía un nuevo mensaje mío. No le busqué, es más, me alejé de su rastro para que el sol nunca se nos apagara… y, ¡curioso!, hace unos meses busqué su luz, intenté acercarme sin rozar y nos reencontramos.

Desde ayer no dejo de sentir una conocida pero, aun así, extraña melancolía por querer quedarme un tiempo más en París y empaparme totalmente de todo lo que allí se respira. Estos días me levantaba a media noche, cuando Rubén ya estaba dormido y miraba por la ventana del hotel. Nos alojamos en un 5º piso, el último de todos, y desde nuestra habitación podíamos ver los áticos, típicos parisinos, de la acera de enfrente.

Adoro ese tipo de buhardillas en las que los techos son bajos y están recubiertas de una pizarra gris que destaca de la fría piedra de los pisos inferiores… Tienen que ser cálidas, tan cálidas como la que yo podía observar cada noche desde nuestra habitación. Estaba repleta de libros por todas partes, carteles de cine entre los que destacaba por la cercanía a mí ‘Goya en Burdeos’. No es que lo imaginase, es que veía perfectamente el perfil de Paco Rabal con aquella magnifica capa en el cartel de la película, ¡gran película y grandísimo actor! De las tres ventanas, dos tenían cortinas, una de color rojo intenso y otra tan amarilla como los amaneceres de primavera que seguro se soñaban desde esa ventana. Imaginé mil veces quién podía habitar ese piso y, por fin, en la cuarta noche, a eso de las dos de la madrugada, vi que se encendían luces y se asomó un chico a la pequeña Rue d´Austerlitz… No era como me lo había imaginado, eso suele pasarme siempre, pero era mucho mejor, encajaba totalmente con lo que yo podía ver desde mi ventana entrelazando sus objetos personales y al sentirme un poco observada (la calle es muy estrecha, era evidente que nos veíamos mutuamente) encajé la ventana y como una niña pequeña intentaba mirar entre nuestras cortinas a aquel personaje que había inventado durante tres noches y al que, por fin, encajaba en una figura humana. No volví a verle y aún hoy pienso que quizá esa noche soñé despierta y quise ver a una persona que en realidad no existe, a la que soñé con todas mis fuerzas.
27/08/04

::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Hablando de París...
Sábado, 04 de Junio de 2005 12:57 #. Tema: Bon Voyage.

Comentarios » Ir a formulario


Autor: El maquinista

Si no soñáramos personas...
Entonces tal vez tampoco miraríamos por la ventana. ¿En qué momento del día íbamos a encontrar la paz? A veces, en ese momento, me apetece pensar pero no puedo fijar la mente en nada concreto, como mucho algún ser querido termina por dibujarse vagamente en mi escena flotante. O si no, termino por sentirme feliz de lo insignificante y enorme que es estar dentro del silencio. Y de no ser, apenas, nada...

Por cierto, ahora ya sé lo que siente un maquinista:)

Fecha: 05/06/2005 09:56.


Añadir un comentario




No será mostrado.






acrobatasblog@gmail.com 

Temas

Archivos

Enlaces

ArteHistoria

Bloggeando

Bon Voyage

Cahiers du Cinema

En Directo

Está sonando

Lettura

Miscelánea

Photo

Titulares

Otros

  • http://www.nedstatbasic.net/stats?ADdIDAjNeHQEKJEbO+YywFGZD+dQ

www.flickr.com
acróbatas fotos Más fotos de acróbatas

acróbatas