
Estos días miro por los lados y sólo veo luces que chantajean las alegrías de los que nos bañamos en ellas, es algo parecido a los espejismos del desierto, aunque nunca ví uno de verdad (sólo los imaginé en cuentos). Bajas por una callejuela y al entrar a la calle mayor algo te dice que todo el mundo tiene que estar contento, que nos queremos más que cualquier otra época del año y que si no compras ese regalo que parpadea desde el escaparate esta noche tendrás pesadillas... Yo preferiría unas Navidades cada segundo del día pero con sol y algodones que nos acomoden los sueños al amanecer, con tapices de colores que nos hiciesen volar más alto y un pepito grillo en forma de literato bello que nos mire a los ojos y nos cuente historias de la Semana Trágica o lance estrellas "antitodo" (¿a que tú me entiendes?). Luego volveremos a subir por la callejuela, esa que esconde tantas historias de barrio, de tomates rojos en verano, de agua fresca en los pies de la primeravera, de las piedras de antaño entre las que se esconde una lagartija para que corran y jueguen los niños... Te propongo salir de la calle mayor y entrar en la callejuela a cambio de una sonrisa y un café con abrazo, ¿vienes?