acróbatas

Báilame el agua, úntame de amor y otras fragancias de tu jardín secreto, sácame de quicio, hazme sufrir, ponme a secar como un trapo mojado, lléname de vida, líbrame de mi estigma, llámame tonto, olvida todo lo que haya podido decirte hasta ahora, no me arrastres, no me asustes, vete lejos… pero no sueltes mi mano. Empecemos de nuevo, toca mis ojos, nota la textura del calor… ¿Por cuánto te vendes? Píllate los dedos, deja que te invite a un café… caliente, ¡claro!... y sin azúcar, sin aliento…

5º día en Roma (14-12-2005)

Empezó un nuevo día un poco más tarde de lo habitual por la hora intempestiva en la que conseguimos irnos a dormir... Queríamos aprovechar el desayuno del hotel, así que nos pusimos el despertador a las nueve de la mañana y conseguimos levantarnos y bajar antes del cierre de la cafetería. Rubén me miraba durante el desayuno con cara de "hoy es el día que me prometiste, hoy el itinerario lo marco yo y haremos lo que yo quiera"... y era cierto! Le prometí que el día de su cumpleaño haríamos lo que quisiera...

Salimos del Hotel a eso de las 10:30 y fuimos directos a ver la iglesia de Miguel Ángel de Santa Maria degli Angeli e dei Martiri, que nos iba de paso y estaba muy cerca del hotel, una iglesia consagrada a los ángeles y a los mártires cristianos que, según la leyenda, fueron empleados en la construcción de las Termas (las de Diocleciano, sobre las que se construyó la iglesia). Es enorme, enormísima y merece mucho la pena visitarla.

De ahí fuimos en busca de algo que no indicaba ninguno de los mapas que tuvimos en nuestras manos pero que Marcos supo indicarnos muy amablemente, la iglesia que alberga el Éxtasis de Santa Teresa de Bernini, Santa Maria della Vittoria. Llegamos por una calle más bien estrecha a la plaza donde está l’Acqua Felice, una fuente monumental que se desborda en forma de fachada y que por un momento te hace perder el rumbo y empezar a cruzar calles y girar y volver y girar de nuevo... para volver al lugar del que partimos... Al final pudimos situarnos y ver, más de cerca, Santa María della Vittoria, una iglesia de Carlo Maderno y con una fachada (que precisamente no es de éste arquitecto) que hace juego con la de la otra iglesia de la plaza, Santa Susanna. Es uno de los interiores que más me impactaron, entramos y los mármoles, estucos, columnas, esculturas, pinturas... todo nos envolvió para que nos quedásemos embobados durante diez minutos... De repente, a lo lejos, vimos el motivo de nuestra visita a esta iglesia... El Éxtasis de Santa Teresa y "veía un ángel cabe mí hacia el lado izquierdo grande sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido que parecía de los ángeles muy subidos, que parecen todos se abrasan... Veíales en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Éste me parecía meter en el corazón algunas veces, y me llegaba a las entrañas... y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor, que me hacía dar aquellos quejidos; y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor, que no hay que desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios". Vamos, y sin ganas de ofender a nadie, siempre se ha dicho que este es el mayor orgasmo de la Historia del Arte.

Éxtasis de Santa Teresa

Al salir de Santa Maria della Vittoria nos decidimos (bueno, decidió Rubén) ir a ver de nuevo la Fontana di Trevi pero esta vez de día. Cuando llegamos nos sorprendió lo que vimos, había gente pero eran grupos de colegios, turistas poquísimos... ahí, y después de lo que nos pasó en el Vaticano, nos dimos cuenta de que habíamos elegido la mejor semana del año para hacer turismo en Roma, ¡¡¡bravoooo!!! Estuvimos un ratos sentados en las escaleras de la Fontana, el rato que el sol hizo su aparición... y luego nos fuimos dando un paseo dirección Piazza di Spagna. Antes de llegar quise hacer una parada en uno de los lugares más conocidos entre los historiadores del arte, el edificio de l’Accademia di San Lucca, un lugar que pasa totalmente desapercibido y que apenas es reconocido si no fuese porque está en la plaza que lleva el mismo nombre.

Llegamos a la Piazza di Spagna, el sol volvió a hacer aparición y las escalinatas estaban repletas de jóvenes estudiantes... como siempre la había imaginado pero sin flores... Le pedí a Rubén subir las escaleras para visitar Trinità dei Montil, asintió pero con cara de "¿hasta ahí arriba?, pero si el metro está aquí mismo!". Subimos, el cartel de Versace seguía en le mismo lugar, volví a odiarlo... Entramos en la iglesia, no sin antes confurdirnos de escaleras e intentar colarnos en un colegio... glups.  Al bajar nos sentamos un rato en la plaza para contemplar las vistas de la ciudad... y bañándonos de sol... Parecía que el frío y la lluvia nos había dado una tregua para celebrar el cumpleaños de Rubén. Al bajar fuimos dirección al metro y a comer al Hotel... este día le había prometido a Rubén que, si quería, podríamos hacer un ratito de siesta... Evidentemente, así fue.

Después de la comida, la siesta... y una ducha... salimos a eso de las seis de la tarde del hotel a dar un paseo por la ciudad, sin rumbo... Fuimos a la estación de Termini a buscar un autobús que nos acercase al centro: el de siempre, el 64. Nos paramos en la parada más cercana a Piazza Navona y caminamos por las calles en busca de colores, fantasías... Cuando pasamos por una de las calles nos acordamos de que Marcos nos había recomendado una tienda que había en una calle cercana a Piazza Navona, de carteles de cine, libros, etc... y la teníamos justo delante. Entramos a chafardear y estuvimos una media hora mirando libros, carteles... era un lugar mágico. Preguntamos el precio de uno de los carteles que más ilusión le hacía a Rubén, "BEN-HUR", pero costaba 60€ y nos miramos con cara de "va a ser que no". Al final salimos de la tienda con dos posters de "La dolce vita" de Federico Fellini y con los personajes bañándose en la Fontana di Trevi... Todavía no los hemos colgado en casa por falta de tiempo pero pronto ocuparán su sitio...

Después de caminar, mirar, encontrar, pasear, volver a mirar, situar, recordar... decidimos entrar a un restaurante a cenar para celebrar los dos el cumpleaños... Cenamos bien y al salir volvimos a dar otra vuelta por los alrededores. Pronto, a eso de las 23:30 estábamos en la parada del autobús esperando para volver al hotel y descansar.

Como ya os comenté en su momento, el autobús en Roma es un lugar en el que puede pasar de todo. El día anterior el autobús había atropellado a un señor..., ese día empezaron a discutir dos señores (por llamarlos de alguna manera) y acabaron a puñetazos (¿lo peor? que casi me alcanzan). En fin, llegamos sanos y salvos al hotel y.... buenas noches...

Sábado, 31 de Diciembre de 2005 13:30 #. Tema: Bon Voyage.

Comentarios » Ir a formulario

No hay comentarios

Añadir un comentario




No será mostrado.






acrobatasblog@gmail.com 

Temas

Archivos

Enlaces

ArteHistoria

Bloggeando

Bon Voyage

Cahiers du Cinema

En Directo

Ensoñaciones del paseante solitario

Está sonando

Lettura

Miscelánea

Photo

Poemalia

Titulares

www.flickr.com
acróbatas fotos Más fotos de acróbatas

acróbatas Free counter and web stats