Báilame el agua, úntame de amor y otras fragancias de tu jardín secreto, sácame de quicio, hazme sufrir, ponme a secar como un trapo mojado, lléname de vida, líbrame de mi estigma, llámame tonto, olvida todo lo que haya podido decirte hasta ahora, no me arrastres, no me asustes, vete lejos… pero no sueltes mi mano. Empecemos de nuevo, toca mis ojos, nota la textura del calor… ¿Por cuánto te vendes? Píllate los dedos, deja que te invite a un café… caliente, ¡claro!... y sin azúcar, sin aliento…
Ayer estuve en uno de los mejores conciertos de toda mi vida... Jamie Cullum en el AUDITORI de Barcelona. Hace semanas que escuché que Jamie Cullum venía a hacer un concierto, al Festival Internacional de Jazz de Barcelona. Os puedo decir que no soy una gran seguidora de ese tipo de música, ni siquiera tengo el disco de Jamie (que no tardaré en comprarme, por cierto), pero lo poco que he escuchado en la radio y las veces que le he visto en la tele han sido suficientes para decidirme a ir a verle.
24 añitos, bajito, guapísimo y con un carisma que se desborda por todos los poros de su piel. Nos regaló uno de los mejores conciertos que he visto nunca y pude ver a uno de los artistas que más me ha emocionado sobre un escenario. Estoy alucionando yo misma con lo que estoy escribiendo, me estoy emocionando al recordarle sobre el escenario tocando el piano como a pocos les he visto tocar...
Mi situación en el Auditori no era la mejor, pese a estar en primera fila me tocó estar delante de los altavoces, pero tenía una imagen perfecta de Jamie y su piano. Empezó él sólo en el escenario y, poco a poco, fueron entrando todos los músicos a escena. La segunda canción fue la única que conozco bien, Get Your Way, y ahí pensé que mi concierto había terminado, pero nada más lejos de la realidad... En cada canción conseguía enamorarme más, conseguía que mis sentimientos saliesen a flor de piel y me emocionase sóla en mi butaca, en el rinconcito que me protegía de tanto fan ("incontrolado").
La mayoría de las canciones las hizo en el piano pero no paraba quieto ni una canción entera. Se levantaba, se acercaba al público, cantaba y hacía sonidos con la boca, se tiraba al suelo, se subía encima del piano, tocaba el tambor y, en dos canciones, la guitarra... Adoraba a sus músicos, los presentó como cuatro veces, volvía a subirse al piano y lo "aporreaba" con ritmo y gracia, con elegancia y nitidez, se volvía a tirar al suelo, saltaba, bailaba, transmitía, emocionaba, susurraba y volvía a cantar... Una maravilla.
Pese a mi pésimo inglés, entendí muchas de las bromas que hizo respecto al castellano y catalán, dijo maravillas de la preciosa ciudad de Barcelona y un apunte sobre su concierto suspendido en Salamanca. Nos explicó cosas de la ciudad en la que vive y que le vió crecer, Londres. Nos explicó como era el cielo en Londres antes de empezar su canción London Skies y me dieron ganas de viajar a la ciudad que todavía no había conseguido enamorarme de lejos, ya tengo un viaje pendiente a Londres y en otoño.
En una de las canciones bajó a cantar entre el público con el contrabajista intentando seguirle. Nos dejó a todos tan embobados que nos levantamos a aplaudirle todos en tres ocasiones. Tiene una voz increíble, de esas que, incluso sin micro, te tocan igual o más, desgarradora, impactante, dulce, como un diamante en bruto pero precioso... ¡Qué energía, que vitalidad! He leído en alguna crónica que para los puristas del Jazz éste era el concierto pretexto para llenar el auditorio y justificar el Festival, que la calidad está en los conciertos que vendrán de las grandes figuras del jazz. Yo no entiendo nada de Jazz (y quizás por eso me gustó tanto) pero os puedo asegurar que merece mucho la pena ver a este chico en directo.
Mi sorpresa fue escuchar en el bis la canción High & Dry, la canción que canta también Jorge Drexler en su último disco. Me emocioné, mucho.
Ojalá tengáis ocasión de escucharle, es un pequeño-gran artista que tendrá mucho que decir en el futuro.