acróbatas

Báilame el agua, úntame de amor y otras fragancias de tu jardín secreto, sácame de quicio, hazme sufrir, ponme a secar como un trapo mojado, lléname de vida, líbrame de mi estigma, llámame tonto, olvida todo lo que haya podido decirte hasta ahora, no me arrastres, no me asustes, vete lejos… pero no sueltes mi mano. Empecemos de nuevo, toca mis ojos, nota la textura del calor… ¿Por cuánto te vendes? Píllate los dedos, deja que te invite a un café… caliente, ¡claro!... y sin azúcar, sin aliento…

Trece Rosas Rojas, de Carlos Fonseca

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Ha sido casi una lectura obligada, una recomendación de lectura "no obligatoria" pero sí "muy recomendable" de un profesor. Cuando estuve en Madrid vi el libro en FNAC y lo compré. Ya lo he terminado de leer y pese a la dureza y los momentos en que me he emocionado y he sentido miedo, escalofríos y pena, vale la pena leer la historia de esas trece mujeres.

Las trece rosas son (extraído del libro de Carlos Fonseca):

Carmen Barrero Aguado. 20 años. Modista. Cuarta por edad de los nueve hijos de una modesta familia del barrio de Cuatro Caminos. Su padre murió años antes de que estallara la guerra, dejando a su mujer y a sus hijos en una precaria situación económica, que obligó a Carmen a trabajar desde los doce años. Militante del PCE, en el que era conocida como Marina, utilizaba la falsa identidad de Carmen Iglesias Díaz. Tras el final de la guerra su amigo Francisco Sotelo Luna le propuso continuar con el trabajo clandestino como responsable femenina del partido en Madrid, y como tal elaboró un plan de trabajo para las mujeres.

Martina Barroso García. 24 años. Modista. Militante de la JSU, durante la guerra cosió en uno de los tallers de la Unión de Muchachas, confeccionando ropa para los soldados. Tras el final de la contienda fue captada por Julián Muñoz Tárrega para que se incorporara al sector de Chamartín de la Rosa.

Blanca Brisac Vázquez. 29 años. La mayor de tres hermanas, hijas de un próspero empresario francés. Casada con Enrique García Mazas, a quién conoció en la banda de música en la que tocaban a pie de pantalla en el cine Alcalá para amenizar las películas mudas. Él tocaba el violín y ella el piano. El matrimonio tenía un hijo, Enrique, de once años de edad en 1939. No militaba ninguna organización política.

Pilar Bueno Ibáñez. 27 años. Modista. Al poco de iniciada la guerra se afilió al PCE y trabajó como voluntaria en una de las numerosas casas-cuna abiertas para recoger a los niños huérfanos y atender a los hijos de los milicianos que iban al frente. Fue elegida para formarse como dirigente en la Escuela de Cuadros del  partido y nombrada secretaria de organización del Radio Norte. Al acabar la guerra fue contactada por Federico Bascuñana para colaborar en la reorganización de los comunistas y encargada de crear ocho sectores en la capital: Norte, Sur, Oeste, Chamartín de la Rosa, Guindalera, Prosperidad y Vallecas.

Julia Conesa Conesa. 19 años. Modista. Se afilió a la JSU a finales de 1937 para seguir sus cursos de gimnasia y deportes. Durante la guerra trabajó como cobradora de tranvías.

Adelina García Casillas. 19 años. Era conocida como "la mulata" por su piel morena y sus labios gruesos. Amiga de Julia Conesa y militante también de la JSU. Una vez encarcelada trabajó como cartera en la prisión de Ventas.

Elena Gil Olaya. 20 años. Ingresó en la JSU en 1937. El final de la guerra le pilló en Murcia, desde donde regresó a Madrid a primeros de abril de 1939. Una vez en la capital su amigo Rafael Muñoz Coutado le propuso continuar trabajando para el partido. Se integró junto a Victoria Muñoz en uno de los grupos creados en el sector de Chamartín de la Rosa que era dirigido por Sergio Ortiz.

Virtudes González García. 18 años. Modista. Se afilió a la JSU al poco de estallar la guerra. Su novio, Valentín Ollero, fue nombrado responsable del Radio Oeste de las Juventudes al acabar la contienda y ella hizo de enlace entre éste y la dirección madrileña de las mismas.

Ana López Gallego. 21 años. Modista. Era la mayor de cuatro hermanos. Militante de la JSU, durante la guerra fue secretaria femenina del Radio de Chamartín de la Rosa. tras la entrada de las tropas nacionales en Madrid su amigo Julián Muñoz Tárrega le propuso que se reincorporara a las Juventudes como miembro de un grupo dirigido por Sergio Ortiz, del que también formaban parte otras tres "rosas": Martina Barroso, Victoria Muñoz y Elena Gil.

Joaquina López Laffite. 23 años. La más pequeña de cinco hermanos huérfanos de padre y madre desde 1931. Se afilió a la JSU en septiembre de 1936, y tras acabar la guerra fue nombrada secretaria femenina del Comité Provincial clandestino.

Dionisia Manzanero Salas. 20 años. Tercera por edad de los seis hijos de una familia del barrio de Cuatro Caminos. Su padre era militante de UGT. Se afilió al PCE en abril de 1938, después de que un obús matara a su hermana pepita y a otros niños que jugaban en un descampado próximo al domicilio familiar. Amiga de Pilar Bueno, al acabar la guerra fue elegida par que hiciera de enlace entre los dirigentes del partido que quedaron en la capital.

Victoria Muñoz García. 18 años. Pertenecía a la JSU desde 1936. Al acabar la guerra se encontró con su amigo Julián Muñoz Tárrega, quien la incorporó al grupo que dirigía Sergio Ortiz en el sector de Chamartín de la Rosa.

Luisa Rodríguez de la Fuente. 18 años. Sastra. Ingresó en la JSU en 1937, donde nunca ocupó cargo alguno, hasta que al acabar la guerra Julián Muñoz Tárrega le propuso crear un grupo que ella misma debía dirigir. Cuando fue detenida tan sólo había tenido tiempo de convencer a su primo Isidro Hernández de la Fuente.

Es un libro duro de leer y lleno de sentimientos (rabia, dolor, pena.... también esperanza, amor...) ... y lleno de muerte.

Os dejo algunos momentos por si os animan a leerlo:

" [...] Las proyecciones se interrumpían a mitad de película y se encendían las luces de la sala, lo que impulsaba a los espectadores a ponerse en pie, brazo en alto, mientra sonaba algún himno patriótico y en la pantalla se proyectaba un retrato gigante de Franco. Concluida la música, las luzces se apagaban y el programa se reanudaba. (...) Y por si aún había alguien que tuviera dudas de quién había ganado la guerra, la popular vedette argentina Celia Gámez se encargaba de recordarlo por la radio con el pasodoble Ya hemos pasao, en contraposicíon con el "¡No pasarán!" republicano, que fue lema de la resistencia de Madrid. Laletra de Manuel Talavera y la música del masetro cotarelo hacían las delicias de los vencedores.
No pasarán, decían los marxistas.
No pasarán, gritaban las calles,
No pasarán, se oía a todas horas
por plazas y plazuelas por voces miserables.
¡No pasarán!
(...)
Ya hemos pasao, decimos los facciosos,
Ya hemos pasao, gritamos los rebeldes
Ya hemos pasao y estamos en el Prado,
miando frente a frente a la señá Cibeles
¡Ya hemos pasao!...
[...]
"

" [...] ¿Dónde está el límite del dolor físico a partir del cual un hombre deja de ser él? ¿Dónde el contorno del miedo insuperable? Se derrumbó y contó lo que sabía para acabar con aquel suplicio. Primero, de forma escueta, y después, con todo detalle. Aquellos hombres feroces tenían suficiente rencor para hacerle hablar al precio que fuera. Y descubrió en su cuerpo que la crueldad humana no tiene límites ante el dolor ajeno, ante el sufrimiento del que llaman enemigo. La muerte parce entonces un final deseado, un desconocido al que anunca te atreverías a dirigir la palabra y al que ahora quieres abrazar...[...]"

" [...] Según el relato de Carmen Machado: "Aquel sitio tenía fama de que chica joven que entraba salía violada. Y nosotras éramos chicas que estábamos entre 18 y 21 años recién cumplidos, como era mi caso. Era un sitio horroroso, donde las torturas a que se sometía a los detenidos eran oídas por los demás. Un día llegó Fontela y ordenó que a mí y a otras cuatro se nos cortara el pelo al cero porque, según palabras textuales suyas, estaba asqueado de tanta valentía en las mujeres. Otro día se presentó en nuestra celda preguntando si queríamos comunicar con la familia. Llevámamos allí bastantes días, éramos muy jóvenes, y la realidad es que lo añorábamos. Le dijimos que sí. "Esto, Carmen, ¿cómo me lo vas a agradecer?", me preguntó. "Pues mire, no sé...", le dije. La verdad es que estaba cortadísima, y entonces, sin más ni más, me cogió y me besó. Mi reaccioón fue echarme a llorar, con una sensación de asco, de impotencia, y él, muy friamente, me dijo: "Oye, no te pongas tonta, ¡eh!, porque si a mi me da la gana, cuando quiera te saco a mi casa por la noche y luego te devuelvo o no te devuelvo"...[...]"

Martes, 16 de Enero de 2007 09:46 Autor: acrobatas. #. Tema: Lettura.

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Autor: síl

yo fuí a ver la obra de teatro-danza que hicieron en barcelona hace poco y me pareció tremendamente desgarradora... con lo cual el texto tiene que ser... buf! maldita historia!

Fecha: 16/01/2007 16:44.



Autor: Juanito

Hola.
Sí que está bien el libro. La historia es cruda.
Un saludo

Fecha: 17/01/2007 00:32.


gravatar.com
Autor: Marian

Tomo nota...

besote guapa

Fecha: 17/01/2007 04:29.


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