acróbatas

Báilame el agua, úntame de amor y otras fragancias de tu jardín secreto, sácame de quicio, hazme sufrir, ponme a secar como un trapo mojado, lléname de vida, líbrame de mi estigma, llámame tonto, olvida todo lo que haya podido decirte hasta ahora, no me arrastres, no me asustes, vete lejos… pero no sueltes mi mano. Empecemos de nuevo, toca mis ojos, nota la textura del calor… ¿Por cuánto te vendes? Píllate los dedos, deja que te invite a un café… caliente, ¡claro!... y sin azúcar, sin aliento…

El descubridor de Macondo

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Hoy viene en "El Periódico" (edición Catalunya) un artículo que nos recuerda que hoy Gabriel García Márquez cumple años... ¿80 o 79? y que nos cuenta los motivos que llevaron a Paco Porrúa a publicar el maravilloso libro "Cien años de soledad".

"El editor Paco Porrúa tiene 84 años de hierro, una fuerza profunda en sus palabras y una modestia casi sobrenatural. Ahí es nada. Entre sus poderes se cuentan haber dado a luz editorialmente a Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, en la editorial argentina Sudamericana y, muchos años después y ya en Barcelona, El señor de los anillos, en Minotauro. O lo que es lo mismo: ser el padre editorial de dos de los libros más leídos en castellano y en inglés. Pero él relativiza méritos y se ríe cuando en la prensa latinoamericana, francesa, italiana o británica --rara vez en la española-- se le define como editor legendario o totémico. Comedido, prefiere definirse como "sensato".

Este gallego trasplantado a Argentina, que fue uno de los grandes editores del país austral en los 60, vive una jubilación secreta en Barcelona. "Creo que Cien años de soledad se ha convertido en mi segundo apellido, porque todo el mundo lo añade a mi nombre. Es parte de mi destino", afirma con resignación filosófica.
La lectura de tres libros --La hojarasca, Los funerales de la Mamá Grande y El coronel no tiene quien le escriba -- que le facilitó Luis Harss, un autor de Sudamericana, le deslumbraron. "Me dije: ahí hay un escritor". Porrúa pidió permiso para editar esos libros en Argentina, pero Gabo contraatacó ofreciendo el manuscrito de la novela que por aquel entonces estaba escribiendo, la saga de la familia Buendía. "No hubo mérito por mi parte, no creo haber hecho nada extraordinario, la valía de la novela era incontestable", dice y ni siquiera esboza una pequeña sonrisa de satisfacción cuando se le recuerda cómo otros, como Carlos Barral o los lectores de Losada, no lo vieron tan claro.

Tiempo y lugar adecuados
Cien años de soledad apareció en mayo de 1967 y levantó una gran polvareda. El editor reparte méritos: "Solo hoy me doy cuenta de que Buenos Aires, con la efervescencia cultural de entonces, era el lugar ideal para que apareciera la novela". Los primeros 8.000 ejemplares se vendieron en tan solo 15 días. De ahí se irradiaron al mundo. ¿Contactó con Carmen Balcells? "Supongo que sí, debimos comunicarnos con su agente en Barcelona, pero yo solo recuerdo las cartas que nos cruzamos Gabo y yo?". Una de esas misivas aparece como prólogo a la edición conmemorativa que acaba de publicar Mondadori y que recoge la portada de la edición príncipe. "Gabo tenía una conversación muy literaria--recuerda el editor--. Si yo guardaba las cerillas apagadas en la caja porque no encontraba un cenicero, él me decía que estaba guardando las esperanzas muertas".
Cuarenta años más tarde, aquellos recuerdos tienen la textura del sueño. "Ahora ya no nos vemos tanto. En cierto modo, se ha hecho más inalcanzable para todos, pero de vez en cuando las circunstancias nos acercan y recupero la emoción de la primera vez que nos vimos, cuando fui a recogerle a las cuatro de la madrugada en el aeropuerto de Buenos Aires. Él sigue siendo igual. Tan amable y sencillo como fue siempre".

...en Macondo comprendí que al lugar dónde has sido feliz no debieras tratar de volver...

Martes, 06 de Marzo de 2007 10:12 Autor: acrobatas. #. Tema: Miscelánea.

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Autor: kasi_siempre

Acróbata!! Me encanta tu artículo de hoy, he aprendido cosas, ya ves...Me costó tres intentos leer "Cien años de soledad", pero valió la pena.
Esa frase que escribes al final "...en Macondo comprendí que al lugar dónde has sido feliz no debieras tratar de volver...", ¡¡qué verdad es!!
En cuanto a Sbaraglia... humm, humm...y hummm... ¡qué bueno! (está).
Bsitos picarones, wpa!! :b

Fecha: 06/03/2007 11:54.


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