Báilame el agua, úntame de amor y otras fragancias de tu jardín secreto, sácame de quicio, hazme sufrir, ponme a secar como un trapo mojado, lléname de vida, líbrame de mi estigma, llámame tonto, olvida todo lo que haya podido decirte hasta ahora, no me arrastres, no me asustes, vete lejos… pero no sueltes mi mano. Empecemos de nuevo, toca mis ojos, nota la textura del calor… ¿Por cuánto te vendes? Píllate los dedos, deja que te invite a un café… caliente, ¡claro!... y sin azúcar, sin aliento…
El título no es mío, es de Síl, a la que eché mucho de menos y que sé (seguro) que se acordó de nosotros en una noche como la de ayer: Carlos Chaouen en concierto y Rafa Pons como artista invitado.
Tengo poquito tiempo porque mi hermanito sigue pachuchillo y me toca hacer relevo en el hospital (gracias a todos los que os habéis preocupado) en media hora, pero aún así quiero explicaros lo mágica que volvió a ser la noche de ayer.
Rafa Pons salió a escena a eso de las 21:20h con tres canciones: Supongo, Nieve en la ventana y Julia Roberts. Muchos de los allí presentes tarareábamos sus canciones y le arropamos un poquito en esa difícil tarea de ser el "telonero". Salió muy bien parado, con la cabeza bien alta y entre afectuosos aplausos del personal allí presente: ¡qué grande Rafa!
Después entró en escena el protagonista de la noche, Carlos Chaouen, que hizo más de una tercera parte del concierto él sólo con su guitarra, en una sala en la que no cabía ni un alfiler y que, pese a la dificultad de hacer callar a más de 300 personas entregadísimas, el público cayó rendido a sus pies, a sus melodías y sus palabras. Luego salió a escena su guitarrista por excelencia, David de la Plaza.
¿Qué es lo que tiene este hombre? Lo tiene todo: tiene alas para hacer volar, tiene estrellas en el estómago, dientes de miel, amapolas en todos los dedos, nubes blancas, rojas, azules y de todos los colores, flores en algodón, campanas en los tímpanos, ventanas que dan al cielo y al infierno, reinas con mañanitas de mermelada, labios, sexo en rutina y corazón, buhardillas con sol, desfiles de gaviotas, sirenas de agua, echarte más de menos... y todo lo que quieras imaginar.
Las dos horas de concierto de ayer volvieron a ser maravillosas, volvieron a ser como un "chute" de vida en mis venas, como una inyección de emociones y sal, como despertar después de una pesadilla... Este hombre vuelve oro todo lo que toca. Gracias Carlos.
Qué bonito!!! Precisamente ahora estaba escuchando a Chaouen... la magia de la vida conectada en la que vivimos... Ánimo y besos (mañana tenemos a los Tigres aquí en Madrid)... K
No sé por qué su amigo Quique está tan bien valorado (por méritos evidentes) y sin embargo muchos tienden a olvidarse de Carlos. Al menos para mí, uno de los mejores letristas españoles de los últimos años.