acróbatasBáilame el agua, úntame de amor y otras fragancias de tu jardín secreto, sácame de quicio, hazme sufrir, ponme a secar como un trapo mojado, lléname de vida, líbrame de mi estigma, llámame tonto, olvida todo lo que haya podido decirte hasta ahora, no me arrastres, no me asustes, vete lejos… pero no sueltes mi mano. Empecemos de nuevo, toca mis ojos, nota la textura del calor… ¿Por cuánto te vendes? Píllate los dedos, deja que te invite a un café… caliente, ¡claro!... y sin azúcar, sin aliento… |
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Obsesivamente Modigliani![]() Llevo unas cuantas semanas obsesionada con Modigliani, lo reconozco y lo veo. Me repito al colgar imágenes para ilustrar y colorear mis “Pour Aujourd’hui” o mis “Ensoñaciones del paseante solitario” (hoy, sin ir más lejos, había elegido una imagen suya para ese “Déme su boca” pero al final me he dado cuenta y he optado por Van Gogh); le nombro una y otra vez, el Buen Salvaje lo lee en mis pensamientos, …hasta he llegado a soñar con él. Sí, hace un par de noches me sumergí en la piel de Jeanne Hébuterne, pinté dos trenzas en forma de espiral a cada lado de mi cabeza, busqué en el armario alguna prenda que recordase un mundo más japonés, fui a una escuela de dibujo, discutí con mis padres – católicos- y estuve en esa buhardilla enferma y dolorosa de París a principios del siglo XX. Era todo tan real que me desperté sin saber si el sueño había sido lo verdaderamente real o si lo eran estas cuatro paredes. Tuvo la culpa una maldita clase en la que me colé en la Facultad hace unos meses y que volvió a mi pensamiento hace poco. Hemos estrenado facultad, yo ahora voy al segundo piso pero justo arriba, en el tercero, están las jovencísimas nuevas promesas de la historia del arte. Me encantaría volver a empezar y poder escoger nuevas asignaturas con la ventaja de saber qué profesores me gustan más y cuales son insoportablemente aburridos. Bueno, a lo que iba, hace unos meses me colé en una clase del tercer piso como oyente (lo hago a menudo) y el profesor hizo una clase que no tocaba con motivo de la película que se estrenaba en los cines sobre Modigliani. Me encantó, me apasionó, salí de esa clase con ganas de saber mucho más de ese artista sobre el que sólo supe explicar un par de cosas a mi hermana cuando me preguntó por él hace unos meses. He leído, desde entonces, un par de libros y varios artículos sobre él y el sábado, después de un concierto acústico y precioso de Rafa Pons, llegué a casa y tuve ganas de ver JUSTO EN ESE MOMENTO la película sobre el pintor italiano. Estaba sola en casa y la noche amenazaba eterna. Andy García no es una de mis pasiones y el personaje, por cómo lo explicó aquél profesor y por cómo lo he presentido yo en las lecturas que he hecho, fue mucho más pasional y enfermizo de lo que se ve en la película. Me gustó, sí, me gustó presentir el París de ese momento, justo después de la primera guerra mundial, con un Picasso extraño y un Diego Rivera del que, a día de hoy, necesito saber mucho más de lo que se. El Café Rotonde lo presentaron un poco distinto a cómo lo había imaginado, me hubiese encantado ver también cómo hubiesen recreado “La Closerie des Lilas” pero imaginaba ese momento, con un café en el que no faltaban Picasso, Rivera, Cocteau, Soutine, Utrillo, Modigliani…, en el que flotaba una cierta niebla de bohemia. La historia gira entorno a la rivalidad entre el reconocido (ya entonces) Pablo Picasso y el enfermizo Amedeo Modigliani. Jeanne Hébuterne es la mujer que marcó la última etapa de la vida del artista (la última y única que vivió con él y con la que tuvo una hija) y la que acabó de poner la guinda al mito que nació el día en que murieron. El último libro que he leído sobre Modigliani es “Jeanne Hébuterne y A. Modigliani. Un amor trágico” de Patrice Chaplin (apellido que adoptó al casarse con un hijo de Charles Chaplin), una mujer que puso mucho empeño en contar cómo fueron los últimos momentos de la vida de estos dos personajes, una vida que quedó enmarcada (y difuminada) en el mito que nació justo en el momento en que Amedeo Modigliani murió. Jeanne y Amedeo tuvieron una hija y, en enero de 1920, cuando murieron, estaban a punto de ser padres de nuevo. “Cuando Modigliani tenía a alguien posando, Jeanne se iba a la habitación contigua. El pintor no soportaba las interrupciones. Entonces ella escribía cartas y confeccionaba ropas. A pesar de las carencias de la guerra, Jeanne se las arreglaba para encontrar telas raras y de colores. Tocaba el violín, dibujaba a Modigliani leyendo a la luz de un quinqué de petróleo, en la cama o sentado a la mesa y tocado con un elegante sombrero. Con Germaine era afectuosa, fiel y abierta. No había motivo pasra que fuera de otro modo con él. La vida no le había obligado a defenderse de aquellos a quienes aceptaba o amaba. (…) Y si aquello era el paraíso, tenía que haber en él una serpiente. Jeanne le dio un nombre: Lunia Czechowska.” Seguiré leyendo sobre Modigliani y el círculo de artistas que habitaba París en ese momento. Jeanne tuvo que ser una mujer muy fuerte. La actriz que le da vida en la película, Elsa Zylberstein, me convenció mucho más que Andy García. He buscado fotos de la verdadera Jeanne en Internet y la verdad es que se parecen relativamente poco… Aún así, la actriz podría haber sido perfectamente una de las modelos de Modigliani, con ese cuello esbelto y la nariz larga, los ojos tristes y un alma que sale, sin tapujos, por ellos. Tengo ganas de volver a París. Pd: hoy estoy especialmente parlanchina.
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Modigliani, ¿Andy García?. Me cae un poco mal ese hombre, pero tiene buena pinta la peli. Habrá que verla.
Fecha: 09/05/2007 08:58.
Jo, ya has visto la peli? La tengo preparada en casita para llevártela mañana... Ya no hace falta no? jeje.
A mí me encantó!! Y como pa gustos, los colores, Andy García está genial en esa peli :-)) Me encanta! A domani bella! Mi fa piacere rivederti Fecha: 09/05/2007 16:55. |
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