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Báilame el agua, úntame de amor y otras fragancias de tu jardín secreto, sácame de quicio, hazme sufrir, ponme a secar como un trapo mojado, lléname de vida, líbrame de mi estigma, llámame tonto, olvida todo lo que haya podido decirte hasta ahora, no me arrastres, no me asustes, vete lejos… pero no sueltes mi mano. Empecemos de nuevo, toca mis ojos, nota la textura del calor… ¿Por cuánto te vendes? Píllate los dedos, deja que te invite a un café… caliente, ¡claro!... y sin azúcar, sin aliento…

La soledad

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"Adela, una joven separada y con un hijo de un año de edad, está cansada de la vida que lleva en su pequeño pueblo natal al norte de León. Deja atrás las montañas y los paseos por los prados para trasladarse a Madrid donde todo es ruido, tráfico y un continuo vaivén de un lado a otro. Para salir adelante se busca un trabajo de azafata y se muda a un apartamento junto a Carlos e Inés, dos jóvenes muy agradables. Los tres se llevan muy bien en seguida, compartiendo comidas, dudas y ratos de ocio.

Antonia, la madre de Inés, tiene un pequeño supermercado de barrio. Lleva una vida bastante tranquila junto a su novio, Manolo, y sus tres hijas: Inés, Nieves y Helena, la mayor. Sin embargo, poco a poco, su placentera vida empieza a tambalearse. Primero, los médicos detectan un cáncer incipiente en su hija Nieves. Más tarde, la ya tensa relación entre sus hijas se complica aún más cuando Helena le pide prestado dinero a su madre para comprarse un piso en la playa.

Adela no ha tenido grandes dificultades para adaptarse a la vida urbana, a pesar de que el padre de Miguelito no le ayuda demasiado económicamente. Un atentado terrorista, mientras viaja en autobús, dejará su vida hecha añicos. A partir de ese momento deberá encontrar la fuerza para regresar a una vida normal."

Despertar de domingo sin resaca! y cerca de las 11? de la mañana, no lo recuerdo muy bien... Pongo la cafetera al fuego y, mientras, abro "El País" del domingo como si fuese un gran regalo inesperado... De hecho, lo es... Un disco que contiene una de las canciones míticas de mi última infancia y mi primera adolescencia, cuando mi hermana empezó a salir con mi cuñado y él no paraba de enseñarme las maravillas del flamenco: "La leyenda del tiempo". Voy abriendo los ojos despacito mientras pienso que debería estar prohibido poner fotos de chicas tan guapas en el suplemento del domingo de los periódicos... pero eso es otra historia.

Sigo leyendo hasta que llego a "
Son pocos, son valientes", un artículo de Joseba Elola sobre una nueva generación de cineastas experimentales. Entre ellos, mi querido José Luis Guerin (al que busco contínuamente... desde que me regaló la teoría de las fotografías desde las que parten las historias) y también habla de Marc Recha, Isaki Lacuesta y Mercedes Álvarez... Leo atenta y pienso que es un buen día para ir a ver "La soledad".

Por la tarde, en los cines frente al mar, dos horas y diez minutos en una sala más o menos grande con una pantalla pequeña (buahhh). Última fila. Me incomoda un poco la sensación de desnudez de la película (no suena nada de nada de nada de música...) pero voy acostumbrándome conforme pasan los minutos. Historias cotidianas de las que me gustan tantísimo últimamente, una historia que podría ser la tuya o la mía... Una película para no perder ni un detalle, para detenerse hasta en las respiraciones, en el parpadeo de los ojos, en las lágrimas que no salen...

El comienzo del capítulo cuatro, en los bancos, es maravilloso... Me ha encantado una frase del artículo de Joseba Elola refiriéndose a la polivisión: "El recurso estaba inventado a finales de los sesenta. O sea que tampoco es tan revolucionario. Pero en estos días de palomitas y taquillazos, lo parece."

Vale, lo reconozco, no es una película fácil... pero ahí reside parte su encanto. Me gustan las personas valientes (aunque yo de eso tenga tan poco).

Lunes, 11 de Febrero de 2008 17:56 Autor: acrobatas. #. Tema: Cahiers du Cinema.

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Autor: Ignacio

La gran alegría de los Goya ha sido La Soledad. Nunca me hubiera imaginado tanta valentía en los miembros de la Academia, como nunca me hubiera imaginado que desconozcas tu valentía.
Piensa en los que seguimos tu osadía diaria.
Un beso, Ignacio

Fecha: 11/02/2008 22:42.


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