
"La sentencia de Demóstenes en su Contra Neera- 'tenemos a las hetairas para el placer, a las concubinas para que se hagan cargo de nuestras necesidades corporales diarias, y a las esposas para que nos den hijos legítimos y para que sean fieles guardianes de nuestros hogares'- resume a la perfección el pensamiento griego, al menos del hombre, en esta época. La mujer debía ser fiel; pero, para combatir su frustración, opta por cambiar su estrategia para atraer al hombre, momento en el que comienzan a proliferar, hacia el siglo VI antes de Cristo, los perfumes, los cosméticos y, como se ha documentado arqueológicamente, los consoladores para paliar la desatención masculina.
[...] Ni que decir tiene que, a pesar de la feroz lucha de la Iglesia por adoctrinar a sus fieles contra cualquier manifestación erótica, el hombre y la mujer no han podido abstraerse de los 'malos pensamientos', llevándolos a la práctica en cuanto ven el menor atisbo de libertad; otra cosa es que aún pese sobre nosotros la mala consciencia de siglos de represión".
No sé por qué, el día que salió este artículo (estos son unos pequeños fragmentos) de Sebastián Celestino Pérez en "El País Semanal" (20/01/2008), lo pasé de largo. Hoy, releyendo el artículo, de ese mismo día y ese mismo suplemento, sobre Diego Rivera he retrocedido unas páginas y me lo he encontrado, así, de lleno...