De todas las historias, y si puedo, he de elegir la nuestra.
La que nunca saldrá en los calendarios ni en los libros escritos.
La que tú y yo dejamos pintada en las paredes y en las sábanas.
Aquella que no tiene hazañas que contar más allá de nosotros.
De todas las más bellas epopeyas, prefiero la marcada
en tus labios benditos, la heroica odisea de una noche contigo.
El cansancio sin sudor de los dioses en cualquier madrugada,
la conquista sin sangre de aquella fortaleza que llamaba tu cuerpo.
De todas las historias, me quedo con tu nombre.
Aunque nadie lo sepa, Aunque ya no sea mío. Hace tiempo que sigo el blog de Rodolfo Serrano (os animo a que lo visitéis si todavía no lo habéis hecho); hoy me he encontrado con una poesía acompañada de esa imagen (de Belinda Shinshillas), una combinación perfecta, preciosa... ¿verdad?