Báilame el agua, úntame de amor y otras fragancias de tu jardín secreto, sácame de quicio, hazme sufrir, ponme a secar como un trapo mojado, lléname de vida, líbrame de mi estigma, llámame tonto, olvida todo lo que haya podido decirte hasta ahora, no me arrastres, no me asustes, vete lejos… pero no sueltes mi mano. Empecemos de nuevo, toca mis ojos, nota la textura del calor… ¿Por cuánto te vendes? Píllate los dedos, deja que te invite a un café… caliente, ¡claro!... y sin azúcar, sin aliento…
Y no es que lo vaya a hacer ahora, no voy a escribir cosas tristes porque me faltan jirones, pasos y tierra, cartas, puntas afiladas, bases, pataletas, tatuajes, vueltas, tuercas y tiempo... Porque tengo demasiadas amapolas por dentro, demasiados escalones de Montmartre, demasiada lluvia al salir en la Gare d’Austerlitz, demasiados pasos en el centro de Madrid...
¿Se pueden contar cosas no-tristes con una profunda tristeza?
Se pueden contar cosas no triste y camuflar de algún modo la tristeza, ya que esta sólo desaparece cuando la borras de dentro de tu ser, pero de todos modos espero que esa tristeza desaparezca pronto de tí, es mejor cuando te vemos contenta... Besos y un abrazo fuerte!!!
Un viejo amigo argentino me decía que temía perder "la alegría de estar triste", porque es lo único que le impulsaba a escribir y es la verdadera esencia del tango.
Joder Vanessa, como me ha gustado y emocionaado este post... has conseguido transmitir lo que querías transmitir. Y me alegro de que estés/seas feliz. Me alegro infinitamente. Te mando muchos besos.
París, Madrid y te olvidas a de la querida Barcelona. Los que estáis allí y los que estamos aquí no valoramos lo que tenemos.
El barrio Latino, Malasaña, el Raval o el Born, el Soho o mi querido palacio de Diocleciano; son lugares en los que sólo con estar la vida te entra hasta la entrañas.
La tristeza que infecta nuestros corazones nunca vencerá a la alegría de vivir que manda en nuestra vidas.