Báilame el agua, úntame de amor y otras fragancias de tu jardín secreto, sácame de quicio, hazme sufrir, ponme a secar como un trapo mojado, lléname de vida, líbrame de mi estigma, llámame tonto, olvida todo lo que haya podido decirte hasta ahora, no me arrastres, no me asustes, vete lejos… pero no sueltes mi mano. Empecemos de nuevo, toca mis ojos, nota la textura del calor… ¿Por cuánto te vendes? Píllate los dedos, deja que te invite a un café… caliente, ¡claro!... y sin azúcar, sin aliento…
"Lucas y María son hermanos y están viejos. Comparten una casa con sus recuerdos y los fantasmas buenos de las personas a las que han amado. Saben que más tarde o más temprano, uno antes que el otro, comprarán el billete para el último viaje. Marcos y Roma están solos y son jóvenes. Ella es enfermera y pinta ventanas que embellecen las vistas desde su habitación. Marcos anda perdido agarrado a su acordeón y a un montón de preguntas. No saben que más pronto que tarde emprenderán un camino juntos. Un día, el azar va a reunirlos. A partir de ese momento, Lucas y María desde la maravillosa altura de sus años van a contaminar con su manera de ser a Roma y a Marcos."
Nada mejor que aterrizar en una sala de cine un viernes por la tarde (después de una reunión de trabajo en un restaurante asiático en el que estaba todo riquísimo), mientras llueve y en la calle hace frío... Da igual si llegamos tarde, estamos empapados, tomamos nuestro asiento en la última fila de los cines frente al mar y abrimos bien los ojos (bueno, tu los cerrabas de vez en cuando).
Una película delicada y con escenas para digerir despacito, como el chocolate. Un marco incomparable y precioso en el que hacer vibrar la historia de estos cuatro personajes. Cuatro personajes que, como en "Juntos, nada más", coinciden en un momento determinado y casi por casualidad. Y juntos, viven una etapa concreta de su vida que, seguro, no podrán olvidar. Unas escaleras para subir de tres en tres, las notas que salen de ese acordeón solitario, y fotografías, y cuadros en los que pintar ventanas o ventanas en las que pintar cuadros. Y azul, muy azul, en las puertas y ventanas...
Lo mejor: Héctor Alterio, que hace un papel, una vez más, de 10. Maravilloso.