Báilame el agua, úntame de amor y otras fragancias de tu jardín secreto, sácame de quicio, hazme sufrir, ponme a secar como un trapo mojado, lléname de vida, líbrame de mi estigma, llámame tonto, olvida todo lo que haya podido decirte hasta ahora, no me arrastres, no me asustes, vete lejos… pero no sueltes mi mano. Empecemos de nuevo, toca mis ojos, nota la textura del calor… ¿Por cuánto te vendes? Píllate los dedos, deja que te invite a un café… caliente, ¡claro!... y sin azúcar, sin aliento…
Escucho el mar a lo lejos, azul y vibrante. Las sábanas las llevamos de casa, tendríamos que haber llevado unas de verano pero el tiempo tampoco acompañaba demasiado. Crema solar y bikini viejo. La vida de Ana me absorvió por completo, también las rosas y restos de alas de Pablo. Tiempo para escribir, para reescribir y para borrar algunas líneas. Ya casi casi, ¿verdad? Para inventar besos y caricias. Ganas de cerrar puertas y ventanas por la noche para poder abrirlas por la mañana. Sol y lluvia. Un punto de libro con un cuello largo y la joven de la perla que no deja de mirarme. Tiempo de imaginar que otro verano sin vacaciones no será tan malo. Preparo ensaladas, dibujo siluetas al sol y mensajes cifrados en la arena de la playa. Imagino círculos concéntricos con los dedos en tu espalda, te despierto de la siesta y encendemos velas a la hora de cenar. Paseamos por el rompeolas, tocamos con la punta de la lengua la cresta de las olas, saladas. Andamos descalzos. Probamos el equilibrio entre la primavera y el verano, entre el frío y el calor. Preparamos café por la tarde, los periódicos no llegan por la mañana. Vemos a Manolo García disparando al pianista y a Almudena Grandes defendiendo su corazón helado. Y te vuelvo a decir que Álvaro te enamorará a ti también, que te vayas con él un tiempo, que le abras las palmas de las manos. Y dormimos, y soñamos sueños raros en los que vosotras también aparecéis. Tres días de desconexión cerca del mar con la vida a un palmo...
Y me gusta que tevayas porque luego, cuando vuelves, nos lo cuentas de un bonito que pone los pelos de punta. Imagino ese mar y esa sal mojando mis labios y me das envidia por poder disfrutar de tres dias así, en la mejor compañía... a mi todavía me queda una semana para estar una semana en otro mundo, en muy buena compañía creando nuestro mundo, sólo para dos...
Me das envidia, noto en tu mar ese ansia por estar vivo y darse cuenta, tener tiempo para darse cuenta. Envidio tu lengua rozando el rompeolas. Te mando un abrazo.