
Me quito los zapatos mientras subo en el ascensor a casa. Las hebillas de estas sandalias me han hecho unas heridas terribles en los tobillos. Cierro la puerta tras de mi y no entiendo por qué tengo esta sensación de angustia que me está recorriendo el cuerpo de izquierda a derecha, de norte a sur, por dentro y por fuera. Tiro el bolso en el recibidor y fijo la mirada en el rojo del cuadro de la entrada. Llego al baño a tiempo de lavarme la cara y las manos. De repente, siento la necesidad de quitarme esa capa de ansiedad que he arrastrado conmigo durante todo el día y me propongo una ducha exfoliante de palabras salientes y estrofas sin rima. Si me apuras, de ideas. Que se vayan, que no soy capaz de dar un paso más. Ni más, ni menos.
¿Aquí me quedo?
¿Quieta?
Autor: dsdmona
Hoy parece que estemos conectadas. He llegado a casa del cine y me he sentido tan rara que me he metido en la ducha con el agua cayendo en mi cara durante mucho rato y he llorado ¿por qué? no tengo ni la más remota idea pero ahora me siento mucho mejor, así que la ducha es una buena terapia.
D.
Fecha: 18/06/2008 19:39.

Autor: Marian
Me he sentido tantas veces así... pero de quieta nada, si acaso un rato, y a seguir!
Besitos princesa
Fecha: 19/06/2008 13:10.

Autor: javi-marlon
Qué maravilla de foto (y de texto).
Yo también siento lo mismo muchas veces al llegar a casa.
Fecha: 19/06/2008 15:41.