Báilame el agua, úntame de amor y otras fragancias de tu jardín secreto, sácame de quicio, hazme sufrir, ponme a secar como un trapo mojado, lléname de vida, líbrame de mi estigma, llámame tonto, olvida todo lo que haya podido decirte hasta ahora, no me arrastres, no me asustes, vete lejos… pero no sueltes mi mano. Empecemos de nuevo, toca mis ojos, nota la textura del calor… ¿Por cuánto te vendes? Píllate los dedos, deja que te invite a un café… caliente, ¡claro!... y sin azúcar, sin aliento…
Me encanta hablar de esta canción el día en el que empieza el verano.
Recuerdo perfectamente el momento en el que cantaban esta canción en este concierto. Tampoco es nada excepcional porque de eso hace apenas tres semanas. Valencia, sábado 31 de mayo de 2008. Yo estaba escondida detrás de una puerta, justo a la espalda de Antonio García de Diego; miraba por una rendijita que abría para poder ver el concierto y estar atenta por si necesitaban algo. Me quedé, quieta, mirándoles. Estaban de espaldas, de lado, y yo quieta, a oscuras y muy quieta. Hay días en los que me pasa eso, que les miro y no me lo creo. Ese día, cuando terminaron de cantar esta canción, noté que me había emocionado como pocas veces me había pasado en la vida. Parecía que les tenía en el salón de casa cantando para mí y me brillaban los ojos, pero de emoción, feliz de estar viviendo todo esto con ellos.
Justo en este momento me han escrito un mensajito desde Zaragoza, están viniendo para hacer el concierto esta noche en Barcelona. Jamás he recomendado algo con tanta convicción y con tantas ganas, os va a encantar. Si queréis venir, allí nos vemos. Y en Madrid, la semana que viene.