Báilame el agua, úntame de amor y otras fragancias de tu jardín secreto, sácame de quicio, hazme sufrir, ponme a secar como un trapo mojado, lléname de vida, líbrame de mi estigma, llámame tonto, olvida todo lo que haya podido decirte hasta ahora, no me arrastres, no me asustes, vete lejos… pero no sueltes mi mano. Empecemos de nuevo, toca mis ojos, nota la textura del calor… ¿Por cuánto te vendes? Píllate los dedos, deja que te invite a un café… caliente, ¡claro!... y sin azúcar, sin aliento…
Mi corazón es una tarjeta de embarque a un cruce de caminos del círculo polar, a un Gran Silencio que me busca los labios. Sin gallos que le despierten, sin kiwis al desayuno. Sin piedad. Mi corazón es un fósil astral. Una maleta no reclamada que gira en la cinta transportadora.
No hay que llorar porque las plantas crecen en tu balcón, no hay que estar triste si una vez más la rubia carrera de las nubes te reitera lo inmóvil, ese permanecer en tanta fuga. Porque la nube estará ahí, constante en su inconstancia cuando tú, cuando yo -pero por qué nombrar el polvo y la ceniza.
Sí, nos equivocábamos creyendo que el paso por el día era lo efímero, el agua que resbala por las hojas hasta hundirse en la tierra. Sólo dura lo efíimero, esa estúpida planta que ignora la tortuga, esa blanda tortuga que tantea en la eterniadad con ojos huecos, y el sonido sin música, la palabra sin canto, la cópula sin grito de agonía, las torres del maíz, los ciegos montes. Nosotros, maniatados a una conciencia que es el tiempo, no nos movemos del terror y la delicia, y sus verdugos delicadamente nos arrancan los párpados para dejarnos ver sin tregua cómo crecen las plantas del balcón, cómo corren las nubes al futuro.
¿Qué quiere decir esto? Nada, una taza de té.
No hay drama en el murmullo, y tú eres la silueta de papel que las tijeras van salvando de lo informe: oh vanidad de creer que se nace o se muere, cuando lo único real es el hueco que queda en el papel, el gólem que nos sigue sollozando en sueños y en olvido.
No tengo fotos, ni vídeos (aunque lo puedes encontrar aquí). Tampoco he tenido tiempo de contarlo antes, pero lo cuento. Porque tengo los ojos tan abiertos desde entonces, que me escuecen al pestañear. Porque mayo empezó nublado, pero salió el sol en Madrid.
Era viernes. El último de mayo. Puntuales, a las 20:30 en el Ladrón de Tinta. Aroa nos esperaba a todos con todos los lápices afilados, un pellizco en el vientre, un Madrid encendido al fondo y una gran sonrisa entre los labios. Presentaba su poemario "Veinte años sin lápices nuevos". A mi me parecía increíble poder quedar con Eli en la Puerta del Sol media hora antes. Nunca antes había estado en el Ladrón de Tinta. Nada más llegar, algunas caras conocidas. Por supuesto, Aroa. Pero también Lara, Guille, Mariona y Bea. El lugar estaba, como diríamos por aquí, "ple, de gom a gom", es decir, llenísimo. Por suerte, un hueco para nosotras en el pasillo. Y pasaron amigos, poemas, anécdotas, pasaron sonrisas y abrazos, canciones y vídeos absolutamente maravillosos. Después vino y charla, más abrazos y besos, despedidas. Pero despedidas con el libro de Aroa en el bolso, que no es lo mismo.
El domingo por la tarde, todavía en Madrid, memoricé uno de sus poemas sin darme cuenta:
Y EL AMOR que golpea tan catódico transforma en agua limpia los escombros.
Pero claro, hay más, muchos más... Está Septiembre(en el que todo empieza o todo termina), el saber que No nos hemos perdido, las Instrucciones de lunes frío, Busco la cueva donde dormita mi padre, ... y muchos más.
Si alguien todavía no conoce su blog, está aquí. No os quedéis sin "Veinte años sin lápices nuevos"...
"Supongo que también te dejarán a ti este mismo vacío, esta impaciencia por estar sin nadie mientras se nos olvida todo el calor que duele de olvidado."
de... "Imaginar los sitios posibles donde estabas". (Completo aquí)
la tarde pasa su mano lenta lento caracol de dedos arrugados sobre mi pelo
si abro los ojos la música termina
LAURA GÓMEZ PALMA (en "desde el agua")
ayer lo presentó en fnac junto a Loquillo y Carlos Zanón. los poemas que recitó los guardé con chinchetas en la memoria (una maravilla escucharlos desdesu voz -desde el agua-).
para la sed de las aceras en la ciudad, los días de verano que se quedan en las postales, las habitaciones frías de hotel (girando)..., para los temblores de piel y los derrumbes de estos días, para que te salve del vértigo de los tacones un viernes cualquiera... y por si acaso...
Perder el tiempo no es mirar embobado el cielo azul de las diez de la mañana. No es hacerse el remolón en la cama, decidirse por una leche con miel.
Perder el tiempo no es ir a buscarla a ella para desayunar, sacarla de la cama, desmenuzar las experiencias de la noche.
Perder el tiempo no es no tenerlo claro, o cambiar el taxi por el autobús. Subir la cuesta del parque del Oeste.
Perder el tiempo no es no saber adónde ir ni adónde mirar. Dejar el trabajo para más tarde. Cancelar las citas del día. Todas (hasta las verdaderamente importantes). Dejar que pasen las horas de la mañana fumando hachís entre medias y frío.
Perder el tiempo no es acercarse a un cuerpo extraño con todas las dudas colgándote del pelo, arriesgándote a no sentir, a no percibir. Tomar parte por el todo, y no querer huir, que ya es tanto. Recolectar colillas a las tres de la mañana, oler los gatos en las escaleras. Una rendición falsa, un aplazamiento.
En la cabeza otro nombre a punto de salirse por la boca; mirar de reojo, por si acaso estuviera. Y sin embargo sentir, sentir la calma. A ratos mucha calma. Las manos ásperas, los labios blandos.
Hay algo en esta vida que me gusta.
Perder el tiempo no es pararse a mirar a través de los cristales. Perder el tiempo es otra cosa. Es estar muerto, en orden.
La herida costumbre de Lara Moreno. Pág. 13.
¿Cuántas veces habéis tenido la sensación de estar perdiendo el tiempo? Mañanas perdidas con la mirada ausente, cartas sin remitente pero en el buzón, horas de desorden lunar, momentos que ni siquiera se quedaron fijos en una instantánea, las copas que dejé pasar, las cenas que siempre pospongo, un vagón de tren vacío, unas palabras escritas sin memoria, un café a medias, un festival de estómago (de los que dejan agujeros profundos), una página doblada que no puedes pasar, un silencio blanco y radiante, un rincón sin poemas, una canción triste, cien mensajes en el móvil, los tacones del jueves por la noche, nunca más volveré a beber. Jugar con fuego. ¿Nos volveremos a ver?.
Por detergentes y lavavajillas, por libros ordenados y escobas en el suelo, por los cristales limpios, por la mesa sin papeles, libretas ni bolígrafos, por los sillones sin periódicos, quien se acerque a mi casa puede encontrar un día completamente viernes.
Como yo me lo encuentro cuando salgo a la calle y está la catedral tomada por el mundo de los vivos y en el supermercado junio se hace botella de ginebra, embutidos y postre, abanico de luz en el quiosco de la floristería, ciudad que se desnuda completamente viernes.
Así mi cuerpo que se hace memoria de tu cuerpo y te presiente en la inquietud de todo lo que toca, en el mando a distancia de la música, en el papel de la revista, en el hielo deshecho igual que se deshace una mañana completamente viernes.
Cuando se abre la puerta de la calle, la nevera adivina lo que supo mi cuerpo y sugiere otros títulos para este poema: completamente tú, mañana de regreso, el buen amor, la buena compañía.
COMPLETAMENTE VIERNES, Luis García Montero
(con la nariz pegada a la ventana del tren) (por si acaso)
Nunca sé despedirme de ti, siempre me quedo con el frío de alguna palabra que no he dicho, con un malentendido que temer, ese hueco de torpe inexistencia que a veces, gota a gota, se convierte en desesperación. Nunca se despedirme de ti, porque no soy el viajero que cruza por la gente, el que va de aeropuerto en aeropuerto o el que mira los coches, en dirección contraria, corriendo a la ciudad en la que acabas de quedarte. Nunca sé despedirme, porque soy un ciego que tantea por el túnel de tu mano y tus labios cuando dicen adiós, un ciego que tropieza con los malentendidos y con esas palabras que no saben pronunciar. Extrañado de amor, nunca puedo alejarme de todo lo que eres. En un hueco de torpe inexistencia, me voy de mí camino a la nada.
Problemas de geografía personal. Luis García Montero
Hay días en los que a una le cunde el trabajo de manera increíble. También puedo decir a mi favor que he madrugado... pero influye el hecho de estar concentrada en cada una de las cosas que he hecho. Voy a buen ritmo, terminando cosas y empezando otras, intentando dejarlo todo listo... Y mientras subo programación a la web de Les Nits, preparo los nuevos cuadernos con letras para la Noche Sabinera, preparo cosas para Barnasants, respondo e-mails y pongo entradas a la venta... mientras pasa todo eso... un par de vídeos se están subiendo solitos a youtube.
El lunes estuvimos en la presentación del primer cuadernillo de poesía de Rubén, "Romper a rompar" (Ediciones 4 de agosto). Digo primero porque estoy segura de que vendrán más, porque Rubén tiene algo en sus versos que lo hacen único... y qué bonito salió todo, ¿verdad?
Poemas de "Romper a rompar" y poemas inéditos, preparados para la ocasión... Amigos sobre el escenario con él... Miguel Ángel Bueno, sus marionetas y su hombre de hojalata. Gerard Costa en primera división, Jordi Lligadas y su eterno Morfeo, Rafa Pons nos canta dos canciones nuevas... "No hay sexo seguro" y "Silencio"...
...y Lucas Masciano sube al escenario para cantar "Egoísta la luna" y "Prefiero"...
No me atreví a subir. Ese viaje a Finlandia lo tenía preparado para dedicárselo a Rubén el lunes... Creo que ni ha pasado por aquí a buscarlo pero sé que lo percibe en el ambiente. Fue una noche para no olvidar.
pero llego a casa y me tropiezo contigo, en las cosas que me miran con tus ojos, en las pelusas del pasillo que me enredan leves, con tu olvido.
Vengo de olvidarte... y puede que cambie de casa y siga viniendo de olvidarte, que cambie de cuerpo y te siga deseando, que cambie de vida y te siga viviendo.
Vengo de olvidarte. Tiro el bolso y se cae el pintalabios, un beso metálico en el parquet me recuerda la ausencia de tu boca.
Con vocación de olvidarte me muevo. Cada minuto y centímetro que salgo de mí misma hago eso, insisto en ello.
Mi obstinación es olvidarte mi trabajo es olvidarte mi verso es olvidarte mi insulto es olvidarte, mi presente y mi futuro es olvidarte. Y vengo y voy para olvidarte.
Me duermo y me despierto para olvidarte. Soy lo que soy para olvidarte.
Me voy a otras cosas a otras casas a otros seres a otras páginas.
Me voy a otros versos a otras voces a otros canales a otros ríos.
Me voy, me voy, me voy continuamente. Y cuando vuelvo… abro la puerta tiro el bolso el pecho la careta y el tabaco…
Éramos tan libertarios, casi revolucionarios, ingenuos como valientes, barbilampiños sonrientes —lo mejor de cada casa— oveja negra que pasa de seguir la tradición balando a contracorriente de la isla al continente de la nueva canción.
Éramos buena gente, paletos e inteligentes, barbudos estrafalarios, obreros, chicos de barrio, vanguardia del proletario, progres universitarios, soñando en una canción y viviendo la utopía convencidos de que un día vendría la Revolución.
Aprendiendo a compartir la vida en una sonrisa, el cielo en una caricia, el beso en un calentón. Abriendo la noche de día fuimos sembrando canciones y en esta tierra baldía floreció la poesía y llenamos los estadios y en muchas fiestas de barrio sonó nuestra melodía.
Tardes y noches de gloria que cambiaron nuestra historia. Y este país de catetos, fascistas de pelo en pecho, curas y monjas serviles, grises y guardias civiles, funcionarios con bigote y chusqueros con galón, al servicio de una casta que controlaban tu pasta tu mente y tu corazón.
Patriotas de bandera, españoles de primera, de la España verdadera aquella tan noble y fiera que a otra media asesinó brazo en alto y cara al sol leales al Movimiento a la altura y al talento del pequeño dictador que fue Caudillo de España por obra y gracia de Dios.
Toreando en plaza ajena todo cambió de repente los políticos al frente de comparsa y trovador. Se cambiaron las verdades: "tanto vendes tanto vales". Y llegó la transición: la democracia es la pera. Cantautor a tus trincheras con coronas de laureles y distintivos de amor pero no des más la lata que tu verso no arrebata y tu tiempo ya pasó.
¿Qué fue de los cantautores? preguntan con aire extraño cada cuatro o cinco años despistados periodistas que nos perdieron la pista y enterraron nuestra voz. Y así vamos para treinta con la pregunta de marras tocándonos los cojones. Me tomen nota señores que no lo repito más:
algunos son directores, diputados, presidentes, concejales, profesores, mánagers y productores o ejerciendo asesoría en la Sociedad de Autores. Otros están y no cantan, otros cantan y no están. Los hay que se retiraron, algunos que ya murieron y otros que están por nacer.
Jóvenes que son ahora también universitarios, obreros, chicos de barrio que recorren la ciudad. Un CD debajo el brazo, la guitarra en bandolera, diez euros en la cartera, cantando de bar en bar. O esos raperos poetas que es su panfletos denuncian otra realidad social.
¿Y mujeres? ni se sabe. Y sobre todo si hablamos de las primeras gloriosas que tuvieron los ovarios y el coraje necesarios de subirse a un escenario de aquella España casposa.
¿Qué fue de los cantautores? aquí me tienen señores como en mis tiempos mejores dando al cante que es lo mío. Y aunque en invierno haga frío me queda la primavera, un abril para la espera y un grandola en el corazón.
¿Qué fue de los cantautores? aquí me tienen señores aún vivito y coleando y en estos versos cantando nuestras verdades de ayer que salpican el presente y la mierda pestilente que trepa por nuestros pies.
¿Qué fue de los cantautores? De los muchos que empezamos, de los pocos que quedamos, de los que no se vendieron, de los que no claudicaron, de los que aún resistimos: aquí estamos. Cada uno en sus trincheras haciendo de la poesía nuestro pan de cada día.
Siete vidas tiene el gato aunque no cace ratones. Hay cantautor para rato. Cantautor a tus canciones. Zapatero a tus zapatos.
El miércoles, antes de subir al tren, leía en el periódico de La Rioja:
LA GOTA DE LECHE A las 20 horas Dentro de Artefacto, "4 poetas para el siglo XXI". Ediciones del 4 de agosto propone una mirada a la joven poesía que se está escribiendo en este país. En la mesa redonda participarán José Ignacio Hurtado, Raúl García, Rubén Martínez y Diego Benito Pérez.
Ese tren, un talgo muy viejo y muy rojo, precioso, nos llevaba al encuentro con Ediciones 4 de Agosto, un grupo de gente que está haciendo cosas increíbles, cosas de esas que parecen imposibles pero con ilusión y ganas son posibles (realmente mágicas). En la colección "Planeta Clandestino" podéis encontrar unos cuadernillos de poesía (artesanales, mágicos) numerados y firmados por el autor, unos cuadernos que he tardado demasiado en descrubrir. Entre los autores de esa colección podéis encontrar a Roger Wolfe, Jesús Hilario Tundidor o Sonia San Román (nuestra querida Sonia). En la página web que he enlazado más arriba podéis ver todo lo que hacen desde la editorial.
Ese día presentaban cuadernillo otros tres autores: Diego Benito Pérez, José Ignacio Hurtado y Raúl García. Algún día os pondré por aquí alguno de sus poemas porque he tenido tiempo de mirar sus cuadernillos y hay auténticas joyas.
Yo sólo iba a acompañar pero parecía que todo lo que iba a pasar allí era un poco mío. Y en parte lo era porque he vivido muy de cerca la creación de "Romper a rompar": buscando poemas en libretas antiguas, recodándole a Rubén poemas que tenía olvidados desde hace años, seleccionando poemas junto a botellas de vino, convenciendo a Rubén y emocionándome con cada noticia que nos llegaba sobre ese cuadernillo. Hoy es una realidad y puedo palparla cada vez que giro la cabeza y veo el cuadernillo entre mis libros de poesía.
Estoy a punto, llegando, apurando la miel y quizá, sí, los labios. Casi. Absorbiendo, bufando, explotando en el momento justo antes de arte un abrazo. Levantándole manos a los taxis en un punto intermedio, no final. Casi.
Con el corazón escondido mordiendo, esperándote desdormido, alucinante, drogado, en parálisis, disfrutando, siempre y, por si acaso, casi.
Observo la vida en mil fragmentos distintos que hacen un todo y giran y se reflejan unos en otros.
Dentro de este tubo todo es psicodélicamente hermoso. Fuera, tan sólo es realidad.
SONIA SAN ROMÁN
Como para quedarse a dormir en uno de esos, ¿verdad? A dormir o a vivir, para siempre, apuntando con agudez la punta de la mirada, derrochando las horas que tardan tus ojos en ir de una punta a otra de esa hermosura psicodélica. Hoy es un viernes raro, una tarde rara, tarde de quedarse en casa. Por fin, un viernes en casa. Por fin, un fin de semana durmiendo en las sábanas de casa, con una manta que sacar del armario porque por las noches ya refresca, con un poster de Modigliani en la cabecera y canciones tibias para un despertar caliente. Por fin un viernes para desconectar el móvil, preparar café y poner una manta en el sofá, para pensar en los días que tienen que llegar próximamente, los que quieres que lleguen y se queden clavados en tu retina para siempre. Que nadie me despierte más allá del 26, que quiero quedarme pegada a las paredes de ese caleidoscopio, el más real de todos.
Caía ya la luz sobre las calles ya caía en tu cuerpo -en un hotel oscuro, o en no sé qué habitación sin muebles de no sé qué ciudad- la luz agonizante de velas encendidas.
Un temblor de velas, o un temblor de árboles, en el otoño sucedía -no lo sé- en la ciudad que no recuerdo -ya esa desmemoriada sensación de haber estado allí, ignoro adónde, con alguien que no sé, quizás en la ciudad que siempre olvido.
Tal vez era la lluvia: mi pasado ocupa un escenario de calles desoladas. Sin duda era la lluvia golpeando los cristales de un taxi, con alguien a mi lado, con alguien que ha perdido sus rasgos con el tiempo.
O era yo -no lo sé-, tal vez yo mismo reflejado en cristales mojados por la lluvia. Quizás era en verano, no recuerdo, y era otra ciudad la que ahora olvido. Una ciudad con bares junto al mar, donde tú nunca estabas.
No sé bien qué ciudad era aquélla en que la luz tenía la apariencia de una flor abrasada, pero tus manos frías estaban en mis manos, tal vez en algún cine con palcos de oro viejo, en su caliente oscuridad.
Una ciudad se vive como un cuerpo, se olvida como él.
Posiblemente ahora evoco ciudades que existieron al lado de esos cuerpos que existieron en ciudades que existen tal vez en el olvido. Que deben existir, pero no sé.
Por septiembre se te llenan de sótanos los labios y es relativo el cielo después de haberte visto preguntarle a la vida. Pero también el cielo, arrugado y preciso como tu cazadora adolescente, quiere estar entreabierto, brillar recién amado, descansando en la hierba el peso de su larga cabellera de nubes.
Por septiembre se te llenan de humo los síes en la boca.
LUIS GARCÍA MONTERO
... mi septiembre todavía en blanco y negro ya está aquí (desde ayer).
El otro día leía en el blog de Síl (¡cómo me gusta que estos días esté actualizado!) y en algunos diarios digitales que Joan Margarit había recibido el "Premi Nacional de Literatura" por la obra "Casa de Misericòrdia"... y yo lo celebré ayer en casa leyendo unos cuantos poemas de Joan Margarit, rescatándolos, en una tarde nublada y calurosa de verano, de uno de los libros que me autoregalé aquél día de hace unos meses.
He leído por ahí que sólo por leer a Margarit merece la pena aprender catalán...
NO LLENCIS LES CARTES D’AMOR
Elles no t’abandonaran. Passarà el temps, s’esborrarà el desig -aquesta fletxa d’ombra- i els rostres sensuals, intel•ligents, bellíssims, s’ocultaran en un mirall dins teu. Cauran els anys i avorriràs els llibres. Davallaràs encara, i perdràs, fins i tot, la poesia. El soroll fred de la ciutat als vidres anirà esdevenint l’única música, i les cartes d’amor que hauràs guardat la teva última literatura.
"Te amo por ceja, por cabello, te debato en corredores blanquísimos donde se juegan las fuentes de la luz, te discuto a cada nombre, te arranco con delicadeza de cicatriz, voy poniéndote en el pelo cenizas de relámpago y cintas que dormían en la lluvia. No quiero que tengas una forma, que seas precisamente lo que viene detrás de tu mano, porque el agua, considera el agua, y los leones cuando se disuelven en el azúcar de la fábula, y los gestos, esa arquitectura de la nada, encendiendo sus lámparas a mitad del encuentro. Todo mañana es la pizarra donde te invento y te dibujo, pronto a borrarte, así no eres, ni tampoco con ese pelo lacio, esa sonrisa. Busco tu suma, el borde de la copa donde el vino es también la luna y el espejo, busco esa línea que hace temblar a un hombre en una galería de museo. Además te quiero, y hace tiempo y frío."
Desde el romanticismo hasta nuestros días, muchos de los poetas significativos han sido, al mismo tiempo, los lectores y los críticos que han dado orden y sentido al cánon literario de sus respectivas tradiciones. Hemos invitado a seis autores esenciales de la poesía actual con el objetivo de que se refieran a algunas de las figuras que han sido básicas en su formación. Nos hablarán de la forma cómo la lectura de un poeta más grande, y -eventualmente- el contacto personal con él, derivó en una lección imprescindible para la formación de su escritura. Así, a lo largo del ciclo, se irá dibujando un mapa inédito y estimulante de los vasos comunicantes, los puentes directos y los pasajes transversales entre la poesía que se escribe hoy y la del pasado, reciente o remoto.
El ciclo se llama "De poeta a poeta. De cómo los poetas leen a sus maestros" y se está haciendo en Caixa Forum (Barcelona), del 2 de abril al 21 de mayo de 2008. Ayer, pues, fue la primera entrega, Eduardo Milán hablaba de Nicanor Parra y la poesía concreta.
Las próximas citas:
OLVIDO GARCÍA VALDÉS - "Con César Vallejo" MIGUEL CASADO - "Antonio Machado: sobre la contradicción" PERE GIMFERRER - "Sobre Octavio Paz" ANTONIO GAMONEDA - "San Juan de la Cruz:'Un no saber sabiendo'" VALERIO MAGRELLI - "Giorio Caproni: el solfeo nihilista"
El coordinador del ciclo es Edgardo Dobry, poeta y crítico, colaborador habitual de El País.
Fue una tarde preciosa y redonda, comenzando por el café en la cafetería blanca, terminando por los puntos de desencuentro en el coche, volviendo a casa, y pasando por la exposición de "100 anys de Palau", la de los "Príncipes Etruscos" y la conferencia de Eduardo Milán.
DECIO PIGNATARI
No faltaron a la cita, emocionalmente, Oliverio Girondo, Pablo Neruda, Mario Benedetti, César Vallejo o Decio Pignatari... Una no para de aprender cosas y de abrir los ojitos para estar bien atenta a todo lo que pasa a su alrededor. No me pasó desaparcibido el cruce de miradas con Imma Socias, la que fue mi profesora de Barroco y Siglo XVIII en la facultad, tampoco tus ojitos dormidos.
De todas las historias, y si puedo, he de elegir la nuestra. La que nunca saldrá en los calendarios ni en los libros escritos. La que tú y yo dejamos pintada en las paredes y en las sábanas. Aquella que no tiene hazañas que contar más allá de nosotros. De todas las más bellas epopeyas, prefiero la marcada en tus labios benditos, la heroica odisea de una noche contigo. El cansancio sin sudor de los dioses en cualquier madrugada, la conquista sin sangre de aquella fortaleza que llamaba tu cuerpo. De todas las historias, me quedo con tu nombre. Aunque nadie lo sepa, Aunque ya no sea mío.
Hace tiempo que sigo el blog de Rodolfo Serrano(os animo a que lo visitéis si todavía no lo habéis hecho); hoy me he encontrado con una poesía acompañada de esa imagen (de Belinda Shinshillas), una combinación perfecta, preciosa... ¿verdad?
Nunca sé despedirme de ti, siempre me quedo con el frío de alguna palabra que no he dicho, con un malentendido que temer, ese hueco de torpe inexistencia que a veces, gota a gota, se convierte en desesperación. Nunca se despedirme de ti, porque no soy el viajero que cruza por la gente, el que va de aeropuerto en aeropuerto o el que mira los coches, en dirección contraria, corriendo a la ciudad en la que acabas de quedarte. Nunca sé despedirme, porque soy un ciego que tantea por el túnel de tu mano y tus labios cuando dicen adiós, un ciego que tropieza con los malentendidos y con esas palabras que no saben pronunciar. Extrañado de amor, nunca puedo alejarme de todo lo que eres. En un hueco de torpe inexistencia, me voy de mí camino a la nada.
Problemas de geografía personal, Luis García Montero
Quisiera estar en otra parte, mejor en otra piel, y averiguar si desde allí la vida, por las ventanas de otros ojos, se ve así de grotesca algunas tardes.
Me gustaría mucho conocer el efecto abrasivo del tiempo en otras vísceras, comprobar si el pasado impregna los tejidos del mismo zumo acre, si todos los recuerdos en todas las memorias desprenden este olor a fruta madura mustia y a jazmín podrido.
Desearía mirarme con las pupilas duras de aquel que más me odia, para que así el desprecio destruya los despojos de todo lo que nunca enterrará el olvido.
Yo sé que el tierno amor escoge sus ciudades y cada pasión toma un domicilio, un modo diferente de andar por los pasillos o de apagar las luces.
Y sé que hay un portal dormido en cada labio, un ascensor sin números, una escalera llena de pequeños paréntesis.
Sé que cada ilusión tiene formas distintas de inventar corazones o pronunciar los nombres al coger el teléfono. Sé que cada esperanza busca siempre un camino para tapar su sombra desnuda con las sábanas cuando va a despertarse.
Y sé que hay una fecha, un día, detrás de cada calle, un rencor deseable, un arrepentimiento, a medias, en el cuerpo.
Yo sé que el amor tiene letras diferentes para escribir: me voy, para decir: regreso de improviso. Cada tiempo de dudas necesita un paisaje.
Yo sé que el tierno amor escoge sus ciudades... Luis García Montero
Estilo acuna, eso por descontado, pero contado, con desequilibrio, ese que las emociones en vado te hacen permanente, asiduo, milagro.
Me despierto en albornoz, cuando leyéndote, trapecista con zapatos de payaso, casi no he colgado, de dormir, la bata, y es entonces cuando me barro el paso por el hilo fino que tejes, acróbata.
Hoy ha llegado a mis manos este regalito del chico de la tercera... ;)
Perdóname por ir así buscándote tan torpemente, dentro de ti. Perdóname el dolor alguna vez. Es que quiero sacar de ti tu mejor tú. Ese que no te viste y que yo veo, nadador por tu fondo, preciosísimo. Y cogerlo y tenerlo yo en lo alto como tiene el árbol la luz última que le ha encontrado al sol. Y entonces tú en su busca vendrías, a lo alto. Para llegar a él subida sobre ti, como te quiero, tocando ya tan sólo a tu pasado con las puntas rosadas de tus pies, en tensión todo el cuerpo, ya ascendiendo de ti a ti misma. Y que a mi amor entonces le conteste la nueva criatura que tú eres.
Hoy aparece una mini-columna en el Dominical de El Periódico en la que hablan de los 5 poetas preferidos de Ismael Serrano. Son estos:
1. Neruda. "Fue el primero que me acercó a la poesía. Hasta descubrirlo a él, este género no me había interesado. Además, me abrió a Latinoamérica".
2. Luis García Montero. "Tiene mucho que ver con la canción de autor que se hace aquí ahora".
3. Gil de Biedma. "Simplemente porque me encanta cómo escribe, sus figuras literarias, todo."
4. Antonio y Manuel Machado. "Son muy diferentes, pero me gusta la manera de contar los sentimientos que tiene cada uno".
5. Gloria Fuertes. "Soy uno de sus hijos. Era la poeta de los niños por antonomasia. Cualquier niño de mi época recuerda con muchísimo cariño sus poemas".
Coincido bastante con Ismael, en esta y en otras cosas. Yo, por ejemplo, me adentré en el asombroso mundo de la poesía gracias también a Pablo Neruda, pero no quiero olvidar a Benedetti. ¿Hay alguna chica de mi generación que no haya suspirado con los versos de Mario Benedetti?. Lo que pasa es que a estos los dejé un poco de lado cuando descubrí, por ejemplo, a Luis García Montero o Ángel González, ellos dos son los que, a día de hoy, ocupan mi número uno.
A Gloria Fuertes la descubrí tarde, en su momento no le presté la atención que merecía. Y bueno, poco a poco he hecho míos a Jaime Gil de Biedma, Federico G. Lorca, Antonio y Manuel Machado, Benjamín Prado, Alfonsina Storni, José Hierro, Belén Reyes, César Vallejo, Cristina Peri Rossi, Luis Cernuda... Es un contínuo descrubrir... porque mis dos últimos descubrimientos han sido dos maravillosas mujeres: Lara Moreno y Sonia San Román.
A Lara la conocí gracias a la canción que le dedica Paco Cifuentes (podéis escucharla aquí) en su primer disco, "Adicto". Tuve la suerte de verla recitar en el concierto de presentación de ese disco y me enamoró desde el primer momento. Luego, descubrí su blog y ya no puedo dejar de leerla, es una maravilla. A Sonia la conocí a través de los conciertos del Pancho Varona & Cía, los "Karaoke y top colcha". Es una chica encantadora que, además, para nuestra suerte, también abrió su propio blog.
Ayer llegó a mis manos el libro de Sonia, "Planeta de Poliuretano" (gracias David). Sólo he podido "olfatearlo" un poco pero presiento que lo voy a llevar conmigo todo el tiempo. Además, estos días he tenido la suerte de abrir mi buzón de correo y encontrarme con dos regalitos de Sonia con forma de poema que me han emocionado de manera especial.
Yo de vosotros, no dejaría de leerlas...
...La poesía es como el viento, o como el fuego, o como el mar. Hace vibrar árboles, ropas, abrasa espigas, hojas secas, acuna en su oleaje los objetos que duermen en la playa..."
José Hierro
La fotografía la colgó el otro día Víctor en su blog, me encantó. Luis Gª Montero, Ángel González y Joaquín Sabina.
Como la luz de un sueño, que no raya en el mundo pero existe, así he vivido yo iluminado esa parte de ti que no conoces, la vida que has llevado junto a mis pensamientos...
Y aunque tú no lo sepas, yo te he visto cruzar la puerta sin decir que no, pedirme un cenicero, curiosear los libros, responder al deseo de mis labios con tus labios de whisky, seguir mis pasos hasta el dormitorio.
También hemos hablado en la cama, sin prisa, muchas tardes esta cama de amor que no conoces, la misma que se queda fría cuanto te marchas.
Aunque tú no lo sepas te inventaba conmigo, hicimos mil proyectos, paseamos por todas las ciudades que te gustan, recordamos canciones, elegimos renuncias, aprendiendo los dos a convivir entre la realidad y el pensamiento.
Espiada a la sombra de tu horario o en la noche de un bar por mi sorpresa. Así he vivido yo, como la luz del sueño que no recuerdas cuando te despiertas.
"En mis ratos libres es cuando te escribo, es cuando te creo; es cuando dibujo y moldeo tu sutil cuerpo, compuesto de fundamentos y muy complejo.
A veces creo que sólo yo te entiendo. Por es te di nombre al verte nacer, te di una escuela, lugar de vida y diferentes perspectivas donde poderte ver. Te di por muerto cuando nadabas por las playas de mi alcoba, cuando encontré, de nuevo, tu rostro entre otros esbozos.
Decidí mutilar alguno de tus múltiples brazos para dar, al mundo, tu aspecto más humano, para que cuando ellos pregunten tú tengas respuesta y si quieren ser lo que sea, tú les conviertas. Engrosando, de este modo, el equipaje del individuo que te acaba de conocer. Y te olvidaré en algún libro empolvado de tiempo olvidadizo y el recuerdo, a su vez, te abrirá las puertas para iniciar novelas resumidas, tangos tramposos y dibujos que te miran.
¿Qué más puedo explicarte? ¿Yo? que todo lo que te cuento para que lo prediques - luego- en cualquier evento.
Pues para otra cosa no naciste (o quizás sí) pero eso ya lo comprenderás cuando hayas muerto.
Antes, ya te habré odiado y amado sin más motivo, y si sobrevives al devastador fuego del ojo crítico, te diseccionarán - para ver- tu corazón puro. Y comprender más allá de tu persona. Te darán vida después de muerto y te harán santo de ateos creyentes en la eterna desgracia agraciada de ser poeta.
Para entonces ya te habrán llamado por tu verdadero nombre, POEMA."
Él es el que, cuando ya nadie lo hacía, me seguía mandando cartas cada semana llenas de poemas. Le conocí en los bares del puerto, una noche de luna brillante y de otoño en el que se hizo hueco cantándome al oído. Nos mirábamos, abríamos la boca para hacer muecas, saltábamos en la calle, nos emocionábamos juntos y me regalaba canciones. Se hace llamar "poeta cabanyes" y ya apenas nos vemos dos o tres veces al año, le echo de menos.
Un día me llevó a un bar de Sants (canalla, muy canalla) en el que subimos unas escaleras para fumar marihuana y beber cerveza mientras me contaba que aquella chica le había hecho mucho daño. Yo le escuchaba y me sorprendía ver a un chico de 19 años que apenas conocía de nada, con los ojos brillantes y las palabras vibrantes, desnudándose en palabras de esa manera. Insistí en querer ser su amiga y lo fui, después.
Otro día que recuerdo fue el que se presentó en mi trabajo, muy temprano y en invierno con sol; venía con su carrito de trabajo, picó a la puerta (yo ya le veía antes de abrirle la puerta, aquella calle Sant Hermenegild huele todavía a los bocadillos de atún de Geli) y me dijo que me traía un libro porque lo había visto y le había recordado a mi.
Un día llegó con su pañuelo negro y blanco al cuello, con sus gafas y su pelo largo, rizado y despeinado. Temblaba. Me regaló su libro. Lloramos juntos. Son 13 puertas, la suya es la 9. Yo tengo la suerte de tener muchos más poemas de los que se pueden leer ahí pero, insisto, le echo de menos.
Cuántas y cuántas noches habrán pasado desde que nos conocemos y cuántas, cuántas noches me han llevado al deseo de encontrarnos, una y otra vez, en cualquier parte.
Cuántas noches, cuántas las habremos compartido en silencio.
Las noches se han estirado -desde entonces- y cada vez se encogen, más y más, hacia el silencio, silencio roto en pequeñas porciones.
El roce de nuestras manos que se tocan inoportunas, las miradas fijas en la nada que se miran ........ también inoportunas, los latidos más acelerados y una estampa tuya -la polaroid del instante- que agito y agito, una y otra vez, hasta aparecer a tu lado. Deseo inducido por tantas y tantas noches.
EL DESEO Alejandro Martínez (poeta cabanyes)
...Para que los trenes nunca dejen de ser animales mitológicos...
Tengo esta noche las manos negras, el corazón sudado como después de luchar hasta el olvido con los ciempiés del humo. Todo ha quedado allá, las botellas, el barco, no sé si me querían, y si esperaban verme. En el diario tirado sobre la cama dice encuentros diplomáticos, una sangría exploratoria lo batió alegremente en cuatro sets. Un bosque altísimo rodea esta casa en el centro de la ciudad, yo sé, siento que un ciego está muriéndose en las cercanías. Mi mujer sube y baja una pequeña escalera como un capitán de navío que desconfía de las estrellas. Hay una taza de leche, papeles, las once de la noche. Afuera parece como si multitudes de caballos se acercaran a la ventana que tengo a mi espalda.
-Si es un sueño no quiero que nada me despierte -decías con El ángel que nos mira en la mano y corriendo bajo la lluvia- decías la tormenta es un tigre, el tigre tiene un movimiento de árbol que va entrando en la noche.
Bajo la lluvia, a solas con tu vida entre cielos e infiernos, entre nada ya es suficiente y demasiado no basta, mirabas caer la oscuridad en los parques -como un sonido de campanas sobre el agua- y decías una canción es sólo la forma de salir de un callejón sin salida, mirabas la oscuridad, con tu corazón perseguido por los leones, con tus plumas azules y tus sortijas árabes.
20 años después, mientras me hablas de pequeñas ciudades -me pregunto si un recuerdo es algo que conservamos o algo que hemos perdido-, de pequeñas ciudades junto al mar, yo comprendo que sólo fuiste un sueño. Y como dice Delmore Schwartz en una canción de Lou Reed, en nuestros sueños comienzan nuestras responsabilidades.
La última playa es fría y tiene una luz extraña, una luz blanca hecha de pájaros caídos. 20 años después, desde este mundo de las cosas tal como son, tenemos nuestras propias preguntas. y respuestas que huyen de tu nombre como animales asustados por un trueno.
El sueño es dulce, sientes grandes ruedas de fuego en el calor del día. y Lou Reed también dice que si cierras la puerta tal vez la noche dure para siempre.
En los meses de aquella primavera pasaron por aquí seguramente más de una vez. Entonces, los dos eran muy jóvenes y tenían el Chrysler amarillo y negro. Los imagino al mediodía, por la avenida de los tilos, la capota del coche salpicada de sol, o quizá en Miramar, llegando a los jardines, mientras que sobre el fondo del puerto y la ciudad se mecen las sombrillas del restaurante al aire libre, y las conversaciones, y la música, fundiéndose al rumor de los neumáticos sobre la grava del paseo. Sólo por un instante se destacan los dos a pleno sol con los trajes que he visto en las fotografías: él examina un coche muchísimo más caro un Duesemberg sport con doble parabrisas, bello como una máquina de guerra y ella se vuelve a mí, quizá esperándome, y el vaivén de las rosas de la pérgola parpadea en la sombra de sus pacientes ojos de embarazada. Era en el año de la Exposición. Así yo estuve aquí dentro del vientre de mi madre, y es verdad que algo oscuro, que algo anterior me trae por estos sitios destartalados. Más aún que los árboles y la naturaleza o que el susurro del agua corriente furtiva, reflejándose en las hojas y eso que ya a mis años se empieza a agradecer la primavera, yo busco en mis paseos los tristes edificios, las estatuas manchadas con lápiz de labios, los rincones del parque pasados de moda en donde, por la noche, se hacen el amor Y a la nostalgia de una edad feliz y de dinero fácil, tal como la contaban, se mezcla un sentimiento bien distinto que aprendí de mayor, este resentimiento contra la clase en que nací, y que se complace también al ver mordida, ensuciada la feria de sus vanidades por el tiempo y las manos del resto de los hombres. Oh mundo de mi infancia, cuya mitología se asocia bien lo veo con el capitalismo de empresa familiar! Era ya un poco tarde incluso en Cataluña, pero la pax burguesa reinaba en los hogares y en las fábricas, sobre todo en las fábricas Rusia estaba muy lejos y muy lejos Detroit. Algo de aquel momento queda en estos palacios y en estas perspectivas desiertas bajo el sol, cuyo destino ya nadie recuerda. Todo fue una ilusión, envejecida como la maquinaria de sus fábricas, o como la casa en Sitges, o en Caldetas, heredada también por el hijo mayor Sólo montaña arriba, cerca ya del castillo, de sus fosos quemados por los fusilamientos, dan señales de vida los murcianos. Y yo subo despacio por las escalinatas sintiéndome observado, tropezando en las piedras en donde las higueras agarran sus raíces, mientras oigo a estos chavas nacidos en el Sur hablarse en catalán, y pienso, a un mismo tiempo, en mi pasado y en su porvenir. Sean ellos sin más preparación que su instinto de vida más fuertes al final que el patrón que les paga y que el salta-taulells que les desprecia: que la ciudad les pertenezca un día. Como les pertenece esta montaña, este despedazado anfiteatro de las nostalgias de una burguesía.
Barcelona ja no és bona, o mi paseo solitario en primavera (Jaime Gil de Biedma)
Para mi, hoy empieza la primavera... ¡que paséis un feliz viernes! Foto: tulipanes de Amsterdam en casa
[...] Cadaqués, en el fiel del agua y la colina, eleva escalinatas y oculta caracolas. Las flautas de madera pacifican el aire. Un viejo dios silvestre da frutas a los niños.
Sus pescadores duermen, sin ensueño, en la arena. En alta mar les sirve de brújula una rosa. El horizonte virgen de pañuelos heridos junta los grandes vidrios del pez y de la luna.
Una dura corona de blancos bergantines ciñe frentes amargas y cabellos de arena. Las sirenas convencen, pero no sugestionan, y salen si mostramos un vaso de agua dulce. [...]
Oda a Salvador Dalí, F.G. Lorca. Léela entera aquí.
No sólo es uno de los grandes poemas de Luis García Montero, sino que, en la voz de Moncho Otero, es mucho mejor. Recuerdo perfectamente el día que cayó en mis manos el disco de Moncho (¿puede ser que llegase a Barcelona gracias a la embajadora Síl?) y lo pusimos para escucharlo... ¡qué maravilla! Hacía tiempo que no disfrutaba tanto con poemas musicados.
En el disco de Moncho Otero, "Los hombres no supieron", puedes encontrar poemas musicados de Gloria Fuertes (como el que da nombre al disco, "Los hombres no supieron"), Ángel González ("A veces, en octubre, es lo que pasa"), Rubén Darío ("A Roosevelt"), Belén Reyes ("Vengo de olvidarte")... o el que os he dicho que se convirtió en mi preferido: de Luis García Montero: LIFE VEST UNDER YOUR SEAT.
No he sido capaz de subir la canción a evoca o goear en formato audio, pero he conseguido hacer un video en youtube; un video que no es un video porque sólo se escucha la canción y se ve la portada del disco de Moncho... es lo que hay, sorry.
Os tengo que hablar también del nuevo proyecto de Moncho Otero junto a Rafa Mora. Ellos tocarán el próximo 31 de enero en la Sala Zacarías de Barcelona, dentro de la programación de Les Nits de l'Art y el Festival Barnasants.
Tengo un idiota dentro de mí, que llora, que llora y que no sabe, y mira sólo la luz, la luz que no sabe. Tengo al niño, al niño bobo, como parado en Dios, en un dios que no sabe sino amar y llorar, llorar por las noches por los niños, por los niños de falo dulce, y suave de tocar, como la noche. Tengo a un idiota de pie sobre una plaza mirando y dejándose mirar, dejándose violar por el alud de las miradas de otros, y llorando, llorando frágilmente por la luz. Tengo a un niño solo entre muchos, as a beaten dog beneath the hail, bajo la lluvia, bajo el terror de la lluvia que llora, y llora, hoy por todos, mientras el sol se oculta para dejar matar, y viene a la noche de todos el niño asesino a llorar de no se sabe por qué, de no saber hacerlo de no saber sino tan sólo ahora por qué y cómo matar, bajo la lluvia entera, con el rostro perdido y el cabello demente hambrientos, llenos de sed, de ganas de aire, de soplar globos como antes era, fue la vida un día antes de que allí en la alcoba de los padres perdiéramos la luz.
La casa como barco en alta mar de junio. Las calles como trenes de noche sosegada. Estas cosas no pasan en el mundo. Estoy por afirmar que ahora vivo en un libro de poemas. Pero si tú me miras, decidida a existir desde el fondo templado de tus ojos, también existe el mundo. Y muy probablemente yo acabaré por existir contigo.
No sé si es sombra en el cristal, si es sólo calor que empaña un brillo; nadie sabe si es de vuelo este pájaro o de llanto; nadie le oprime con su mano, nunca le he sentido latir, y está cayendo como sombra de lluvia, dentro y dulce, del bosque de la sangre, hasta dejarla casi acuñada y vegetal, tranquila. No sé, siempre es así, tu voz me llega como el aire de Marzo en un espejo, como el paso que mueve una cortina detrás de la mirada; ya me siento oscuro y casi andado; no sé cómo voy a llegar, buscándote, hasta el centro de nuestro corazón, y allí decirte, madre, que yo he de hacer en tanto viva, que no te quedes huérfana de hijo, que no te quedes sola allá en tu cielo, que no te falte yo como me faltas.
El gran Panchito Varona ha empezado a colgar en su blog los sonetos que ha ido haciendo Joaquín Sabina a lo largo de la gira Ultramarina para la presentación de cada ciudad en la que tocaba. La verdad es que lo que está haciendo Pancho en esta gira no tiene nombre... Todos los seguidores le estamos tremendamente y eternamente agradecidos... Y es que Pancho es Pancho... Me faltan palabras...
" Como es misericordia la locura y el espacio nos brinda la bienaventuranza, como es la noche viva, la lluvia silenciosa que va del corazón del hombre hasta los ojos en un encendimeinto de sombra y hermosura, como se que al morir terminará la muerte, como en el corazón se derrama la sangre con un rumor de lluvia que ilumina la niebla, como tengo fe de soñar que te amo, mi carne erá un día como un agua corriente y mi cuerpo será de silencio amoroso, de cristal dolorido cuando tú lo iluminas.
Como en la inclinación morena de tus ojos el silencio vencido se convierte en aroma, como tengo una voz que se cubre de hierba donde vuelan las alondras y palabras y lágrimas, y como en tu cabello despierta la agonía y la paciencia intacta naufragará en la sangre porque existe la muerte, porque la sombra clara se convierte en misterio y la quietud del mundo colma la transparencia, porqué el último olvido morirá con el hombre, y tu boca de llanto y amapolas violentas, y tus brazas de cal y niebla reclinada, y tus manos delgadas como álamos de espuma, y mi voz, y mis ojos, todo será divino al perder la memoria.
Como insiste el dolor, pero no se termina y es la lenta ascensión de la sangre al reposo, como es la primavera al donaire porque llevas el alma derramada en el paso, como es caridad para mirar tu cuerpo y es la noche tranquila tu encendida alabanza, como tú eres el único sufrimiento posible y la angustia de cal que me quema los ojos, con humildad, buscando la palabra precisa, yo te ofrezco la sombra, la paciencia del mundo donde olvido la espera, donde olvido esta inmóvil angustia de ser junco y sentir en las plantas los impulsos del río, donde puedo creer, porque marchamos juntos igual que dos hermanos perdidos en la nieve. "
P.D: No dejéis de visitar la Casa Granada en Madrid (si no habéis estado nunca deciros que merece mucho la pena)... Si váis, entenderéis la "P.D".
Mi táctica es mirarte aprender como sos quererte como sos
mi táctica es hablarte y escucharte construir con palabras un puente indestructible
mi táctica es quedarme en tu recuerdo no sé cómo ni sé con qué pretexto pero quedarme en vos
mi táctica es ser franco y saber que sos franca y que no nos vendamos simulacros para que entre los dos no haya telón ni abismos
mi estrategia es en cambio más profunda y más simple mi estrategia es que un día cualquiera no sé cómo ni sé con qué pretexto por fin me necesites. .......
Lisboa era brisa de Alfama y de mar, mar como lanzada de sal sin secar. Lisboa era el mundo, Lisboa era luz Lisboa era mía, Lisboa eras tú.
Lisboa era un puerto donde yo atraqué, Lisboa era un sueño dentro del cuartel que tus labios dulces supieron romper Lisboa te amaba, como yo te amé.
Derramando besos llegué hasta el final, donde las palabras no quieren hablar. Me serví otro trago, y otro trago más: Lisboa era el paso hacia la eternidad.
Lisboa pedía el poema mejor, la mirada más tierna, flores, la voz, la sangre más joven de mi corazón Lisboa era el tiempo, Lisboa era yo.
Lisboa de barcos, turquesa y hollín; Lisboa y tu pecho, Lisboa y carmín. Lisboa era un verso, Lisboa era el sol Lisboa no tenía herida y lloró.
Lisboa fue lluvia, tabaco, y canción Liboa fue como un desgarro de ron que prendió en la almohada cuando amaneció Lisboa gritaba cuando dije adiós.
Lisboa me grita diez años después la voz más amarga, más dura que ayer. Lisboa me cuenta que te abandoné y Lisboa te ama como yo te amé. ------------------------------------------------ "Te copio un poema que está en el libro La noche del Becerro de Gabriel Sopeña. Luego fue musicado por el propio Gabriel, lo metió Loquillo en su disco La vida por delante, y creo recordar que el propio Gabriel lo cantó para su álbum Mil kilómetros de sueños."